martes, 13 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES

 
            RAZÓN  NÚMERO 61

            Un juguete de nuestra niñez:   LA ARQUITECTURA DE MADERA   ( II )


            Gran parte de los juguetes de nuestra niñez se han convertido en auténticas piezas de museos. Los coches y motos, con conductor incluido, de hojalata y pintados no eran como las fieles reproducciones actuales y su sistema de movimiento, si e
s que lo tenían, respondían al conocido como de cuerda, que tenías que introducir aquella pieza en forma de hoja de trébol plana y solo con dos partes en un eje que al girar enrollaba un fleje y que al desplegarse hacía girar las ruedas. No había juguetes de pilas de esos que con sólo conectar el sistema con un interruptor originaban el movimiento. Existían aquellos muñecos planos y articulados que tirándoles de una cuerda se movían, como los cristobitas. Las muñecas eran de trapo o de porcelana; las primeras casi eternas si se cuidaban, hasta que se rompía alguna de sus costuras y se le salía el serrín, y las segundas, delicadas como las copitas de Nochebuena, descascarilladas por causa de los golpes. Los patinetes, precedentes de los motorizados de la actualidad, rodaban gracias a aquellas pequeñas ruedas que llamábamos de bolones y que gastaban más las suelas del calzado del pie que se empleaba para impulsarlos.


            Los juegos compuestos por herramientas para las profesiones más habituales, como aquellas propias de carpinteros y albañiles, nos encantaban a los chicos; igual que las cocinitas con toda clase de útiles y cacharritos para jugar a las casitas, hacían las delicias de las niñas. 
Curiosamente, los juegos clásicos de mesa sí que han sobrevivido al paso de los años. Hoy se sigue jugando al parchís y a la oca, al ajedrez, al monopoly o Palé, al dominó, a la lotería, aunque ahora se le llame por la influencia yanqui el bingo, y a las cartas; aunque también hayan aparecido otros más complicados.


            El plástico endurecido ha revolucionado los juegos de construcción. Hoy no despiertan interés alguno aquellos mecanos, con los que la imaginación infantil volaba y podías construir lo que te apeteciera, a base de multitud de piececitas engarzadas con tornillos, arandelas y tuercas o con simples muecas que ajustaban.

     Y ya que hablo de imaginación cómo no tratar de aquellos otros juguetes, que la misma situación económica poco boyante de aquellos años difíciles, te obligaba a crear. Las espadas hechas de dos palos, atados con una cuerda, como las de nuestros héroes el Guerrero del Antifaz o el Capitán Trueno, para seguir matando de mentirijillas a sarracenos; las superficies de madera con ruedas de bolones para desplazarnos cuesta abajo o siendo arrastrados por otros; las pistolas dibujadas, recortadas y pegadas, dándole incluso volúmenes, de cartulina o cartón blanco de las cajas de zapatos, que nos duraban poquísimo después de que nos costara un trabajo inmenso su elaboración por la misma fragilidad del material empleado.

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