miércoles, 28 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO  65

            Una iglesias:   LA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS     ( II ) 

        Junto a la iglesia se encontraba la casa parroquial, en donde en más de una ocasión jugamos al tenis de mesa, cuando nos enfrentábamos al equipo de Acción Católica de los Hermanos Guirado y en tiempos del padre Martín, pequeño cura vasco que no hacía honor por su estatura a los lugareños de aquella zona del norte peninsular, pero de una actividad y entrega a su labor de pastoreo digna de todo elogio. También existían otras dependencias y el archivo de la parroquia.

         En su interior de planta basilical contaba con tres naves; la central de mucha más altura, esbelta, y al fondo el ábside que contaba con cinco ventanales alargados propios del románico. Existiendo en su parte alta vidrieras de colores que originaban bellos efectos de luz.


                    A su altar mayor se accedía por cinco gradas de mármol, que era el material empleado en todo el presbiterio.

        Encima de la entrada se encontraba el coro y un sonoro órgano que fue adquirido, según nos contaban, por suscripción popular.

            Y como en Melilla es posible todo, hasta que Sara Montiel encuentre en ella a su último amor o se lo monte estupendamente para seguir saliendo en los programas televisivos del corazón, que no pocos consideran como telebasura, proporcionándoles buenos ingresos en su ya casi estado de momificación, llama mi atención ya de adulto que un industrial melillense Mohand Moh Mohatar, musulmán, sea un mecenas que sufrague los gastos de la nueva instalación eléctrica, la pintura, la colocación de mármoles de Macael y valiosas lámparas en dicha iglesia hace algunos años.


            Situada en la Plaza de Menéndez Pelayo, cuyo entorno actual me parece un auténtico disparate, que nada tiene que ver con las edificaciones de los alrededores y de la misma iglesia y que me atrevo a calificar hasta de mal gusto y de chapuza. En nada se parece a la que gozamos nosotros, con aquella amplitud que tenía y que engrandecía al templo, que ahora parece quedar como oculto y aunque no existiera ningún elemento de mobiliario urbano. El Sagrado Corazón se podía contemplar en su plenitud desde la Avenida, sin ningún obstáculo que se interpusiera en la visión del observador; aunque igualmente es justo señalar que sobre el gusto no hay nada y mucho, añado yo, escrito y que lo realizado buenos cuartos costarían.

         Aquella iglesia que fue conocida en sus orígenes como la del “Llano” por su emplazamiento, cuyas obras comenzaron en 1911 con la aportación inicial del Estado y de los fieles, sufrió no pocas vicisitudes, hasta que siete años más tarde, en 1918, era inaugurada.

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