domingo, 11 de octubre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO 60

            Una modista:   PEPITA FERNÁNDEZ HURTADO,  nuestra querida madre.    ( IV )


               La rotura de la cabeza del otro fémur la lleva de nuevo al reposo, ya no quiere ser intervenida quirúrgicamente y con éste se le llega a formar una callosidad que aún con el riesgo de romperse nuevamente, de momento le evita el hospital.

         Pepita ya no es la misma. Aquella extraordinaria mujer siempre erguida. muy derecha, de piel sedosa, tersa y blanca, sin apenas arrugas en su rostro a pesar de sus muchos años y de tanto sufrimiento y de su pelo cano, que jamás se tiñó y que le daba un cierto aire interesante, agraciada como siempre se mostró en fotos de su juventud y que llamaba la atención en su conjunto y en especial, como señalé anteriormente, por su piel y su caminar siempre tan derecha, ha cambiado muchísimo.

        Sin embargo y en una prueba más de su fortaleza en la debilidad natural y de su fuerza de voluntad, cuando ya todos creíamos que no iba a poder dejar la silla de ruedas para desplazarse de un lugar a otro, a la que dicho sea de paso detestaba, un día nos sorprende caminando de nuevo con dos muletas, que incluso llega a sustituir por una sola para poder moverse por su casa sin necesidad de nadie.

       Y termina sus últimos años de vida, porque su única hija, su querida Cuqui, ya no vivía y porque así lo quiso ella para no molestar a ninguna de sus nueras, en una Residencia, en donde la pueden atender de sus dolencias mejor que en cualquiera de nuestras casas; pero faltándole también el calor de unos hijos y nietos por los que había empeñado toda su vida, entregada de tal manera en esta tarea que no pudo gozar de casi ninguno de los alicientes que tiene este efímero paso de los mortales por esta bendita tierra de Dios.

      Muchas de aquellas clientas, como la familia Montes o aquellas otras que nosotros llamábamos de Nador, porque venían de dicha población y habían vivido también en Venezuela, la de Estrella o la de Morales, o la dueña del Cine Nacional, por citar a algunas, seguro que recordarán a Pepita como una extraordinaria modista y una excelente persona.

      Para nosotros fue un símbolo, una bendita persona que aún sin frecuentar la iglesia ni participar en su liturgia con asiduidad, si existe el cielo, por su bondad y la vida que le correspondió interpretar aquí en la Tierra, seguro que ella tendrá una parcela en el mismo. Por nuestra parte, Josefa Fernández Hurtado, Pepita la modista, es merecedora de algo más que este sentido y sencillo recuerdo. Yo, por ingenuidad o por lo que sea, desde que se me fue la recuerdo en muchas y ocasiones y en especial antes de dormirme cada noche me encuentro con ella en el pensamiento, como en un ejercicio sencillo de gratitud, pidiendo al Señor por ella, y a ella para que interceda ante Él por todos nosotros.

         ¡Gracias, mama!

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