RAZÓN NÚMERO 64
Mi querido Coronel: D. ÁNGEL MORALES MONSERRAT ( III )
Curiosamente se produce en torno a esta situación un
hecho anecdótico que me lleva a contar algo que no tiene aparentemente nada que
ver con lo anterior y que en su conclusión se verá la relación existente.
Desde muy jovencitos elegimos los dos dentro de la
actividad deportiva en lugar de la práctica directa, la del arbitraje o la de
la enseñanza, como entrenadores. Así que. en aquella época en el que el basket
de nuestra ciudad lo dirigía como Presidente de la Federación Melillense
Guillermo Pezzi, tras sucesivos cursos, algunos de ellos incluso realizados
fuera de nuestra localidad, en Madrid, conseguimos los carnés de árbitros de primera
categoría; al igual que los títulos nacionales de jueces y entrenadores de
voleibol. Referido al primero de los deportes mencionados, al baloncesto,
llegamos a formar una buena pareja y bastante compenetrada, cosa lógica por
aquello de ser mellizos y llevar vidas casi paralelas desde la más tierna edad
y algo más.

Y si existía una familia al completo entregada en
Melilla a este deporte era la de Bohórquez, un joven melillense que lo hacía
francamente bien y que de haber coincidido con los tiempos actuales,
posiblemente hubiera jugado en cualquier equipo de la LEB o incluso en la ACB. Pero contaba con un
handicap importante desde mi punto de vista, que era el de su propia familia
que lo seguía con una fe ciega, entendiendo que no se le podía ni tocar, a lo
que se unía por tanta protección el hecho de que fuera algo creidillo. Mi
hermano Clemente, por otra parte, era un árbitro bastante durillo, que no se
casaba con nadie y cuando Bohórquez daba motivos no le duraba todo el
encuentro, ante el correspondiente enfado de toda su parroquia, que hasta
llegaba a excederse en comentarios agrios motivados por acaloramientos sin sentido
y a que algunos de sus miembros nos llegaran a amenazar con que nos íbamos a
enterar cuando fuéramos al servicio militar. Sabíamos que no iba a ocurrir nada
de esto, pues sólo eran amenazas sin consistencia alguna, fruto del calor
deportivo y sinceramente no pensábamos que se produjera en un futuro ninguna
situación delicada por motivo de un juego. Lo curioso del caso es que nos
correspondió hacer el servicio militar en el mismísimo cuartel, donde por
aquellos años, uno de sus comandantes era el señor Bohórquez; así que la mosca
se nos puso, porque seguíamos siendo unos críos, detrás de la oreja.( Enrique Bohórquez, director de Melilla Hoy. Qué excelente jugador de baloncesto en su juventud )
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