RAZÓN NÚMERO 63
Un reloj: EL DEL AYUNTAMIENTO
Todo lo anterior indica que estábamos familiarizados
con sus exteriores, con su fachada principal y que nos habíamos enfrentado
alguna vez a su enorme entrada y contemplado su escalera, que nos parecía
monumental; pero sin penetrar en sus entrañas, en su interior, porque allí unos
pequeñajos como nosotros no pintábamos nada y porque sinceramente nos imponía
un cierto respeto aquella gran casa que estaría repleta de papelotes
ininteligibles para los pequeños y de hombres mayores, vestidos de negro,
serios y con redondeados quevedos apoyados en la punta de sus narices.
Este hermoso y bello edificio, construido en 1947
fue diseñado por don Enrique Nieto y Nieto, de ahí su aire modernista, después
de que existieran otros consistorios de diferentes estilos, tales como árabe,
colonial y andaluz, en diferentes lugares de la ciudad. En su interior, por su
grandeza, cuenta con numerosos salones y departamentos, viéndose un gran
desahogo en el movimiento de sus trabajadores por la amplitud de los mismos. Su
vestíbulo principal y de entrada recibe la luz del exterior a través de una
vidriera que hay en su techo y que cuenta con el dibujo del escudo de España en
su centro. Una amplia escalera, que se dobla en dos en su mitad, da acceso a la
parte noble del edificio, pudiéndose contemplar en su frontal un enorme cuadro
del conquistador de la ciudad, don Pedro de Estopiñán en actitud triunfante y
sobre un precioso fondo. Allí se encuentran preciosos salones, ricamente
decorados; entre los que destacan su Salón Dorado, que está presidido por un
repostero con el escudo de la ciudad, el salón Verde donde se reúnen las
distintas Comisiones de la
Casa Consistorial, el salón de Sesiones para el Pleno de la Corporación Municipal
antigua, hoy Consejo General de Gobierno de la ciudad autónoma de Melilla y el
salón de Visitas para recibir a autoridades y personas destacadas que se dignan
en acudir a nuestra ciudad y son recibidas con la dignidad que se merecen por
parte de nuestras jerarquías.
Inaugurado el 29 de marzo de 1950 por el General
Galera Paniagua y el alcalde Rafael Álvarez Claro, fue bendecido por el padre
Segovia.
Este edificio tiene además para nosotros un especial
recuerdo, ya que en su sala de exposiciones o de cultura, destinadas a aquellas
y a otras actividades, fue donde realizamos la primera de las nuestras,
convirtiéndose como el punto de partida de nuestra actividad artística de cara
al público, cuando éramos unos atrevidos jovencitos en esta materia. Corría el
verano de 1965 cuando en la sala considerada como de la Delegación del
Ministerio de Información y Turismo, con entrada por el lateral del
Ayuntamiento que daba al Club Marítimo y Puerto, presentamos nuestras primeras
obras a los melillenses. La presentábamos, como las que vinieron más tarde, los
dos hermanos; aunque tengo que confesar que el que más trabajaba y por lo tanto
el de mayor aportación artística era mi hermano Clemente. Presentamos en
aquellos días 3 témperas y 17 óleos y sin timidez y respondiendo a la realidad
nos declarábamos como autodidactas y pedíamos a los posibles visitantes que
fueran sinceros en su forma de ver nuestras formas, estando dispuestos a
recibir de nuestros paisanos toda clase de críticas. No había por entonces una
definición o línea en nuestro quehacer, picoteábamos como todos los
principiantes en la búsqueda de algo. Había motivos religiosos, como la forma nuestra
de ver a Judas, a Jesús Dios y Hombre, al Apocalipsis, a la Anunciación y a la Piedad o al mismo misterio
del “Levántate” de Lázaro; nos atraían las figuras del hidalgo caballero de la
triste figura y de su bendito escudero; sentíamos una cierta atracción por los
mayores y por los niños y no podían faltar figuras de marroquíes, como nuestro
Sidi Hamed y Fátima o rincones del pueblo rondeño, donde ya ejercíamos el
magisterio.
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