jueves, 24 de septiembre de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


            RAZÓN  NÚMERO  54 

            Otro moro muy grande:  MUSTAFA

        Aunque éramos pequeños, cuando hablábamos de Mustafa, los que conocían algo de su historia, nos decían que este pintoresco personaje no nació en el seno de una familia adinerada, sino todo lo contrario, que pasó una niñez y juventud llena de miserias como la mayoría de los moros que vivían en las cábilas próximas a Melilla. En definitiva, que no siempre había sido rico como lo era en aquellos años. Nos contaban también que siendo persona astuta, despierta y sin escrúpulos para los negocios, que el hambre enseña mucho y pronto, supo aprovechar la expansión y el crecimiento continuo de la Melilla de más allá de los muros de la ciudad vieja, con el establecimiento de campamentos para la tropa, buscando espacios más amplios para sus asentamientos y para al mismo tiempo dar seguridad a la población civil que crecía a su amparo, para iniciar su actividad comercial desde los escalones más inferiores.

                                      


        Que comenzó como buhonero, con su cesta a cuestas llena de quincallas, baratijas u otros artículos de escaso valor que atraían a la soldadesca; para pasar posteriormente al suministro de productos de primera necesidad, que se los quitarían de las manos y que cobraría a un precio desorbitado. Aquel moro grande se haría conocido en el extramuros y su negocio se acrecentaría como los días cuando llega el equinoccio de primavera, imponiendo el respeto de su monumental figura entre la tropa. Más tardes sus negocios ascenderían de categoría, dejando de ser un mercachifle para convertirse en comerciante y dejando a la soldadesca para entrar en contacto con la oficialidad. No sería el primero ni el último, que en años de escasez, se dedicase al contrabando; introduciendo o sacando con el beneplácito de los que mandaban, artículos, productos y mercancías a un coste elevado en el primero de los casos o vendiéndolos en el exterior al precio convenido, que también supusiera ganancias, en el segundo caso. El contrabando hizo rico a tanta gente y él sería uno más. Así que, de vender bocadillos y refrescos a la tropa, pasó a hacer negocios con la vestimenta y el calzado de ésta al por mayor y con la alimentación de la misma a gran escala, manteniendo una relación siempre cordial con el Ejército, algunos de cuyos componentes, no todos afortunadamente, verían en este hombre y su actividad un medio de conseguir algunos ingresos económicos extraordinarios, pensando posiblemente que el riesgo que corrían en lugar siempre tan inseguro debía ser recompensado por este tipo de gratificaciones, lo que no dejaba de ser un fraude o una inmoralidad.


            Como a tantas personas del entorno, a Mustafa le perdimos la vista un día, no sabiendo si es que se fue para siempre para seguir mercando en su paraíso o porque encontró otra esposa que le llevó a vivir a otro de sus muchos inmuebles. Los hijos e hijas de Fátima fueron creciendo y seguro de que llegado el caso, casaría a algunas de ellas con el que ofreciera mayor dote; entre otras cosas, porque la decisión la volvería a tomar el cabeza de familia y ella pintaría poco, porque esas eran y siguen siendo sus costumbres en la mayoría de los casos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario