sábado, 22 de agosto de 2026

ROMANCERO DE LA BALLENA


            LA MAR ROTEÑA Y EL VIENTO DE PONIENTE

                Por el Poniente de siempre,
cuando la tarde se esconde,
el viento de las mil lenguas
asoma por el horizonte,
quiere robarle a la mar
sus grandes olas de bronce
esculpidas a escondidas
por cien alfareros nobles.


            El viento de la mil lenguas
oculta sus intenciones
regalando en su arribada
suave brisa de colores.
Cuando la mar se confía
abre puerta a sus pulmones
y escupe por sus mil lenguas
mil sórdidos ventarrones.
La mar se encrespa con rabia.
Fija sus olas de bronce
con anclas de caracolas,
recias estacas de roble,
con grilletes coralinos
y burbujas de albo azogue.


            El viento ruge con fuerza.
Guarda bien sus posiciones,
no quiere perder ventaja
en feroz y larga noche.
Y espera oportunidad
para, con trampas atroces,
poder robarle a la mar
sus grandes olas de bronce.
Cuando la noche se cierra
y negrea el horizonte
las grandes olas del mar
mudan su color de bronce.


            El viento mira y remira,
está perdido en la noche,
busca el bronce de las olas,
las ve, y no las reconoce.
El viento de las mil lenguas
cierra puerta a sus pulmones
da la orden de retirada y
sus fieros aires recoge.
Pone vigía en el cielo
la mar de olas de bronce.
La mar se duerme serena,
en serena negra noche.

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