martes, 17 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO QUINTA

25.-   Un aspirante a Tenor:   GIUSSEPE BARONI QUIQUI   ( IV )

        Creció el joven y se hizo un mocetón fornido, se ensanchó su capacidad torácica y el volumen de su cuerpo en general. Dejó crecer su barba y se transformó en otro hombre, más de acorde con sus aspiraciones, por lo menos para nosotros, que teníamos la creencia que para ser tenor había que ser doble de grande.

      Sus estudios se fueron realizando en esa interminable carrera que supone cualquier faceta musical y como un paso más llegó a formar parte del coro en esas compañías de zarzuelas que recorrían toda la geografía española. Y como Melilla formaba parte de ella, también era incluida en las giras y en varias ocasiones visitaría su ciudad, que también era la nuestra, formando parte de ellas, como artista de segunda o tercera fila, pero incluido en la nómina, hasta llegando a aparecer su nombre en los programas de mano.


            ¡Quién le iba a decir a los suyos que no sólo no se aburriría pronto, sino que iba a convertirse en integrante de esa troupe de artistas que marchaban de un lugar a otro, utilizando diferentes medios de transporte y usando camas con tantas distintas vestiduras! Claro que él, cuando venía a su Melilla, dormía en su casa, en la que siempre sería la suya y así no necesitaba habitación en ningún hotel de nuestra Avenida, de sus cercanías, ni del Parador Nacional de Turismo “Pedro de Estopiñán”.


            Y como en todas las historias siguió pasando el tiempo, el suyo, el nuestro, el de todos los mortales y que yo recuerde, llegó un día en que no vino solo, sino con pareja, que además era lo habitual. Comentándose que su acompañante, mujer bella y atractiva, también formaba parte del elenco de artistas y que además era hija de persona influyente en la compañía, con lo que la gente perversa y malintencionada pudo pensar que había pegado un buen braguetazo, que garantizaría su permanencia en la misma e incluso su ascenso, para dejar el coro y pasar a realizar, aunque papeles secundarios, trabajos más interesantes.

       Sin embargo, esta historia envuelta en la leyenda, en la imaginación, no tiene final. Nosotros nos marchamos a la Península, dejamos de morar en aquella casa donde habíamos nacido, con lo que perdimos el contacto con aquel patio tan particular, para nosotros por lo menos y que nadie podrá negar que continuará mojándose cuando llueva como los demás, y Giussepe Baroni Quiqui desapareció de nuestras vidas. Ni preguntamos, ni nadie nos dio datos acerca de su existencia. A lo mejor, si le hubiera cogido su juventud en estos días, podría haber hecho un casting para Operación Triunfo, ser seleccionado, trabajar para posteriormente conseguir el éxito más rápidamente; aunque no me cabe la menor duda de que los suyos seguirían pensando que aquello no era lo mejor para él y yo me hubiera quedado sin mi querido y apreciado Giussepe Baroni Quiqui.

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