miércoles, 8 de julio de 2026

REFLEXIONES DEL ESTÍO


            CARTA A UN BUEN AMIGO, ANASTASIO PINEDA, DE UN SILENTE ADMIRADOR QUE JAMÁS TE OLVIDARÁ POR TU EJEMPLO DE VIDA.

            Al entrar esta mañana en Facebook he podido comprobar que todo el mundo que te conocía, te quería.
            Ayer, en este mismo medio y a través de una escueta nota luctuosa de tu alcalde, nos hacía llegar el mazazo de tu muerte en edad tan temprana y de forma inesperada.
            No me lo creía, de verdad. Créeme, apreciado amigo, no me lo quería creer, me rebelaba contra esta triste noticia  y sin saber qué hacer, me vi buscando tu perfil entre mis mil. justamente,, amigos, para enfrentarme con la realidad.  Y bajo un mar, vete a saber, o cielo, de girasoles y encuadrado en un círculo estaba tu rostro; una imagen con una de tus características más peculiares, la de tu permanente y sincera sonrisa, con más valor que cualquiera risa o carcajada, y que podía reflejar tu optimismo ante la vida y la alegría de tus momentos felices.
            Y en la primera entrada tuya , que sería la última publicada, no estabas solo, creyendo que por mi parte que no eras amante de la soledad. En esa ocasión estabas con tu Pilar, en todos los sentidos, la que fuera una linda niña, brillante antigua alumna, y nieta de nuestra compañera en la docencia, la siempre respetada por los jóvenes que arribamos a vuestro pueblo allá por 1967, el siglo pasado, y que todos conocíamos como Doña Nica. Pero lo que más me asombró es que en el texto que acompañaba a la foto, entre otras cosas decías que aún te quedaban miles de escritos
que hacer...


            Cómo mi testarudez es grande y pretendiendo salir de mis dudas, que seguían atormentándome, acudí a través del móvil a mi repetido hermano, que aún seguía en El Viso y con gran tristeza por su parte me confirmó tu fallecimiento, y terminando la conversación con una lapidaria frase, la de que   "Aquí estamos de paso".
            Hoy una catarata de lamentos de muchos rincones de tu tierra brotan en tu memoria, tanto de instituciones como de conocidos y amigos, manifestando su dolor, tu inesperado y nunca deseada ausencia por tu manera de ser y obrar, por tu entrega y dedicación a la docencia, por tus proyectos convertidos en realidad, por tu enorme dedicación al hecho cultural y la defensa auténtica de los valores que dignifican a las personas, por gozar de la compañía de los mayores que jamás te olvidarán.
            Era tal mi desazón, tristeza y estado de ánimo que me olvidé del mundial, donde nos nuestros acabaron con las ilusiones de Cristiano Ronaldo y de Portugal; que me dio igual que Noruega eliminara a la poderosa Brasil de Ancelotti y Vinicio y que Suiza pudiera mandar a su casa a Colombia, ni que los de Messi remontaran un resultado adverso contra Egipto. 
            

            Porque me importaba más el dolor de los tuyos, de tu madre y tus hermanos, de tu Pilar y de esa mayúscula colección de amigos.
            Algo debías de tener, querido Anastasio para que todo el mundo te quisiera. Por ello es más fácil creer que seguirás viviendo en nuestros recuerdos, con esa sonrisa tan tuya, otra de tus armas o acompañado siempre de gente, de tu gente, la que ahora llora por ti, que me hace pensar que no eras amigo de la soledad... O cuando nos acerquemos a ese rinconcito cercano al Gil López, del Bar de los "Lechugas", donde creciste. O en el corazón de cientos de maestros con los que compartiste alegrías, sueños, ilusiones y hasta preocupaciones y de esos millares de alumnos que eran la razón de tu vida.
            Ojalá que Dios haya perdonado tus debilidades y miserias, de las que ningún mortal está libre y que tu alma repose en paz en el lugar que elija para ti.  Y para despedirme de ti, te confieso que me encantaban tus escritos.



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