jueves, 22 de enero de 2026
NUESTRAS CRIATURAS
miércoles, 21 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Esta obra marcó un antes y un después en lo que se
refería a nuestra relación con la Jesusa; ella seguía cumpliendo con su
función, pero había momentos de complicidad en los que se hacía algo la
distraída y ya no fue tan severa cuando nos encontrábamos los chicos con las
chicas dentro de la Escuela.
Tuvimos que representar la obra varias veces y con notable éxito. El público lo pasaba bien y nosotros mejor; aunque tengo que confesar que el mismo fue efímero y que a nadie el éxito se le subió a la cabeza, ya que ninguno dejó el magisterio para dedicarse al arte de Dalía. Y también nos atrevimos con “Puebla de Mujeres” de los Hermanos Álvarez Quintero, cuando andábamos en Segundo Curso, obra de la que Clemente hizo un original cartel de sus protagonistas, poniendo sus rostros y caricaturizando sus cuerpos, con la participación también de alumnos y alumnas, como puede verse en el mismo.
Afortunadamente pronto soplaron nuevos aires y aquello que estaba por venir, que era demandado con urgencia, me refiero a la coeducación, a los grupos mixtos de niños y niñas, se hizo realidad en un abrir y cerrar de ojos, echando por tierras argumentos trasnochados y lo mejor de todo, es que no pasó nada.
Las obras de teatro de la colección de la Galería Salesiana se convirtieron casi en reliquias y empolvadas quedarían en los sótanos de las librerías como piezas de museo. Existieron posteriormente otras promociones que hasta se atrevieron con nuestros clásicos, que probaron con el drama, con la tragedia y aquello de sólo para niños o sólo para niñas, que cuando lo cuentas en la actualidad casi nadie se lo cree y da paso a rostros escépticos, pasó afortunadamente a la historia.
Así que Alfonso Paso, con su “Usted puede ser un asesino”, inconscientemente, nos ayudó a ver algunas cosas de distinta manera, que era posible estar juntos y con absoluta normalidad chicos y chicas y que la Jesusa no era nuestra enemiga.
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martes, 20 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Decía que nos inclinamos por una obra normal, con personajes de ambos sexos y elegimos una comedia de un autor que estaba en muchas carteleras, de moda, hablándose de él en todas las páginas literarias de la prensa de la época y en el NODO. Este madrileño, muy conocido en los medios universitarios y que había nacido y crecido en el ambiente teatral, era sin duda el autor que más estrenaba en España. El haber obtenido el premio de teatro Carlos Arniches, con su comedia “Los pobrecitos”, le abrió las puertas de muchos teatros y su enorme fertilidad a la hora de producir piezas teatrales lo llevaron a convertirse en el máximo proveedor de la escena española. Sus obras tenían gracia e intuía lo cómico, conocía como nadie su oficio, sabía graduar lo gracioso con lo sentimental y sus diálogos eran fáciles, rápidos y de mucho ingenio y oportunidad. No se complicaba en demasía con los temas, que reflejaban en mucho la realidad cotidiana. Se notaba en algunas de sus obras claras influencias de Carlos Arniches y de Buero Vallejo. Sus comedias retrataban la clase conocida como media española y en todas ellas había algo bueno, aunque ninguna de ellas llegara a la categoría de perfecta.
Podíamos haber elegido cualquiera de ellas, El canto de la cigarra, Papá se enfada por todo, Cena de matrimonio, Cosas de papá y mamá, Las niñas terribles y un largo etcétera; ya que muchas habían sido llevadas a la pantalla y teníamos alguna referencia.
Para llevar a cabo nuestra tarea tuvimos que pasar por una condición indispensable, impuesta por la dirección de la Escuela, la de que los ensayos sólo se podían realizar si alguna persona responsable del Centro estaba presente durante el desarrollo de los mismos y se imagina el lector a quién convencimos para tal faena, nada más y nada menos que a nuestra inseparable Jesusa. Y como creo que aquella mujer, con su fuerte formación de
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lunes, 19 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Se imaginan ustedes unas aulas destinadas para los futuros maestros y otras para las futuras maestras y con un patio común para ambos géneros. Curioso, ¿verdad? Pero el disparate no se acababa en lo anterior y es que existía una funcionaria, a la que conocíamos como la Jesusa, con todos mis respetos hacia la buena señora, contratada por el Ministerio de Educación y Ciencia, cuya loable tarea consistía en que al entrar y salir del Centro y de las distintas clases o ir al recreo, no permitiera que nos juntáramos los unos con las otras.
Mientras a los varones se nos obligaba a jugar, llegado el tiempo de asueto, en el destartalado campo de deportes de la zona que daba a la carretera, enfrente del otro campo, el que bajaba a las huertas de la orilla del Río de Oro y de los depósitos de la Shell, las alumnas deambulaban por la parte alta del recinto, entre los eucaliptos. Aquel vetusto edificio, dividido en varios bloques, que nos decían habían servido originariamente como hospital y luego reconvertidos en escuelas, siempre me dio la impresión y no sé el porqué, de abandono, y en especial sus instalaciones deportivas, si se les podían considerar así, en las que jamás vimos el más mínimo remozamiento o simple lavado de cara. Es cierto que allí jugábamos partidos fuera del horario lectivo; pero siempre con el riesgo de desollarnos vivos y perdiéndonos entre los jaramagos e hierbajos que por allí crecían silvestremente y con el inconveniente añadido de que si el balón saltaba la tapia y corría cuesta abajo había que suspender el mismo, pues seguro que podía llegar hasta el Tesorillo.
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domingo, 18 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Siempre me atrajo la actividad dramática, desde muy pequeño; cosa que parece algo habitual en la niñez, donde el hecho de disfrazarse de lo que fuera a todos nos agradaba y el que lo lúdico, cualquier juego, en muchas de sus facetas coincidía con la interpretación de diferentes roles. Hasta tal punto me atrajo ello que junto a otros compañeros organizamos acontecimientos en su torno e incluso llegué al atrevimiento de escribir algunas piezas teatrales, sin grandes pretensiones, sobre todo, por mi condición de docente y elaboradas para el mundo infantil y juvenil; Así como a la osadía de dirigir en varias ocasiones a grupos de aficionados.
El porqué de elegir esta pieza de Alfonso Paso, Usted puede ser un asesino, que quizás no fuera de las más celebradas de este autor, es debido a que fue la que llegó a nuestras manos, en una época en que este fecundo autor teatral tenía incluso varias de sus obras representándose al mismo tiempo en diferentes teatros de Madrid; es decir, que estaba de moda. Y porque nosotros, ya en
Todavía no existía la enseñanza mixta, la coeducación, a los alumnos se les reunía en una clase y a las alumnas en otras, incluso había colegios de chicos y otros exclusivamente de chicas. Verdadero disparate que delata la altura mental de los doctos pedagogos que dictaminaban tal separación. En la calle nos juntábamos todos a jugar sin distinción de sexo y sin grandes problemas, que por entonces, sin apenas tráfico, sin televisión ni ataduras de videoconsolas ni play-station, la calle era nuestra; respondiendo también a la propia naturaleza humana de estar unos con las otras y viceversa y cuando llegaba la hora de recibir una educación nos separaban. Como diría un buen amigo mío, esto resultaba de lo más chocante; seguro que como eufemismo de otra expresión mucho más dura.
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sábado, 17 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Y había algo en el paso que recorrimos bajo su tutela que nunca olvidaré y que nada tenía que ver con los estrictamente escolar. Todavía los socialistas modernos no habían suprimido del calendario escolar la festividad del día de San José, el siempre recordado y no lectivo 19 de marzo. Este día era grande para nosotros por lo distinto, porque se rompía con lo rutinario. De verdad que tampoco era por el hecho en sí de no tener colegio, pues había muchos otros, quizás en exceso; pero carecían del aliciente de éste. Desde algunas jornadas anteriores cada cual ya había comprado el regalito para el maestro, para don José y esperábamos con impaciencia que llegara aquella mañana para acercarnos a su casa y entregárselo personalmente. Él nos recibía con toda solemnidad y al mismo tiempo, aunque parezca una contradicción, con la sencillez que le caracterizaba. Coincidíamos con algunos compañeros, no con todos, claro está; pues el peregrinar duraba toda la mañana y nos sentaba alrededor de una mesa redonda, con modesto mantel, para ofrecernos una copita de aguardiente dulce algo rebajado y unas galletas y pastas que se encontraban en una bandeja y que seguro que su querida madre iba reponiendo a lo largo de todo este devenir. Nuestra timidez era tal que a lo sumo degustábamos un par de ellas y tan sólo una copita del anís, que a veces ni terminábamos porque nos picaba la garganta, lo encontrábamos muy fuerte y hasta nos daba tos, disimulándola o pidiendo con toda educación, que el momento lo requería, un vaso con agua, que él mismo nos traía desde la cocina, que se encontraba junto a la salita y separada por una cortina de tela de colorines nada discreta.
Los botes de colonia, Agua de Puig o de Lavanda, las cajitas de pañuelos, las corbatas y pares de calcetines, la cajita con la pluma estilográfica Sheaffer, los gemelos para las camisas, las billeteras o monederos de piel..., se amontonaban en el aparador y sobre todos destacaba todos los años un regalo, el del madrugador de siempre, de aquel que rompía todos los moldes, al que conocíamos bien; era un enorme jamón que reposaba majestuoso sobre una silla junto a la ventana que daba al exterior y que nadie osaba usarla, aunque la sala estuviera repleta de chicos y que sí recibía miradas mezclas de admiración y desprecio por parte de casi la mayoría de los peregrinos a casi santo lugar.
Esta triste realidad que afortunadamente la ha superado el magisterio, me trae a la memoria aquella anécdota del desafortunado maestro que además de sus penurias nadie se acordaba de él ni siquiera en el día de su onomástica, por más que él lo anunciara sutilmente con tiempo suficiente para que le llevaran sus discípulos algún obsequio y si eran artículos para llevarse a la boca infinitamente mejor, pues no cesaba de cantar sus excelencias. Desesperado ya y como dicen que el hambre agudiza el ingenio, se le encendió la bombillita un año y en las vísperas de tal día, el suyo, nada más llegar a clase copió con letra grande y clara en el encerado el siguiente mensaje: ¡Infinitas gracias al niño que me llevó ayer a casa una hermosa gallina de granja! El invento dio resultado, porque entre las virtudes y defectos de los pequeños y de sus progenitores, también simples mortales, está el de la generosidad o caridad obligada a veces y el de la envidia. Nadie quiso ser menos que el niño inventado de la pizarra y su casa aquel año se llenó de viandas para una buena temporada.
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viernes, 16 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD EN QUE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
En este ambiente estaba nuestro bueno don José, el maestro de nuestra niñez, el que nos enseñó las primeras letras y las reglas básicas de las matemáticas más elementales hasta que fuimos al Instituto, además de otras cuestiones muy generales.
Era alto y delgado, de rostro que ahora asociaría
con persona de ascendencia judía por su nariz algo aguileña, ojos y boca
pequeños, frente despejada y grandes entradas en su cabello que eran preludio,
ya en su no muchos años, de una temprana calvicie. Fibroso y atlético como
corredor de fondo, que sería por aquellos de sus caminatas desde su casa en el
Tesorillo hasta el barrio Obrero, donde estaba
Maestro de los que usaba guardapolvos o bata de color beige oscuro para preservar posiblemente su único traje, que no daban los tiempos para ningún exceso; con camisa de cuello almidonado y siempre bien planchada, tareas que realizaría con mimo y esmero su madre con el fin de que su hijo maestro fuera impecable en el ejercicio de su profesión y corbata oscura y siempre discreta. Viejo calzado, gastado por el uso, con algún repaso de media suela y tacón, pulcro y brillante al comenzar la jornada y no tanto al terminar ésta. Metódico y ordenado como el que más, lo que da que pensar que por la noche, antes de acostarse, era de los que con cepillo en ristre, entintaba, daba betún al calzado y le sacaba brillo, para también mejor conservarlo. Cuando se acercaba el buen tiempo o al comenzar el curso escolar, que aún no habían llegado las aguas y hasta hacía calor, usaba sandalias marrones de tiras con calcetines de igual color o grises.
En tiempos en que se decía y se practicaba que la “letra con sangre entra” nuestro don José fue una evidente excepción. Nunca le vi golpear a un alumno y mira que había algunos que como estaban las cosas, por sus continuas fechorías, merecían algún que otro sopapo. Tampoco era de los que usaba los gritos para reprender, sino todo los contrario y además le daba hasta resultado; pues cuanto más bajo hablaba mayor era el silencio en la clase y más atención se le prestaba. Aunque esto no lo conseguía siempre, ya que el cafrerío siempre ha existido y existirá. Como era habitual su sonrisa, cuando se ponía serio y fruncía el ceño nos desconcertaba; era otra de sus armas, otra de sus argucias y si reñía alguna vez elevando la voz, porque era inevitable, su enfado le duraba poquísimo y al momento volvía a su tono normal, con lo que también nos despistaba. Nunca vimos ira en sus reprimendas, por lo que nos llegaban más. La chiquillería como caso excepcional lo tenía como bueno, pero no como tonto. No sé qué arte tenía para conseguir esto, pues a pesar de lo trasto que éramos nunca nos aprovechamos de su aparente debilidad. Lo interesante era que sin golpes ni gritos la mayoría aprendíamos con él y no deseábamos cambiar con otros profesores, a los que sí veíamos que atizaban de lo lindo, que usaban la palmeta y los cachetazos, los tirones de pelo y de las patillas en especial, que crucificaban y hasta con libros en las manos, que arrodillaban a sus discípulos y los colocaban de cara a la pared.
Vivía don José en el Tesorillo, en las casitas de una planta que había a su entrada, enfrente de donde está actualmente la gasolinera y cuando atravesamos el puente grande del Río de Oro, que daba al garaje Bernabeu, en cuya planta alta vivieron nuestros tíos y primos.
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jueves, 15 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Eran
años de penurias los de nuestra niñez; ya que nacimos justo en el fin de la triste guerra
civil, en 1939, y nadie nos negará que si todas las guerras son tristes, más lo
son aquellas en que los pueblos hermanos se enfrentan entre sí. La tristeza
también se reflejó en los años primeros de la posguerra, porque había
demasiadas heridas abiertas; esas heridas que decían los mayores, los que más
sabían, que sólo y difícilmente las cerraría el tiempo. Todo el exceso que se
gastaba en armas de muerte privaba a la población de artículos de primera
necesidad y casi nadie escapaba de la hambruna. Eran tiempos de sucedáneos del
café, como la malta, de la leche que había que hervir antes de consumir o en
polvo, de las que traían los americanos, del pan chusquero fabricado con harina
oscura, de las tabletas de chocolate a las que había que dar coba para que no
se gastasen pronto y que nos parecían arenosas, de los azucarillos en forma de
gajos de naranja para endulzar el aguapuche sustituto del café, del aceite de
ricino para las purgas de los niños y del agua de Carabaña para los mayores
cuando nuestros estómagos por estar sucios necesitaban una limpieza. Eran años
de miserias, de alumbrarnos algunas noches con velas, de los petromax y
quinqués, de las culeras en los pantalones y de las alpargatas, de las cocinas
de carbón que repartían y vendían los carboneros por las calles pregonando con
arte su negra carga con la que se confundían por su color idéntico, de los
serenos respondiendo con su característico “¡Vaaaa!” a las palmadas de los que
le necesitaban y rompiendo el silencio de las horas de madrugada con los
monótonos y acompasados bastonazos y el tintineo de las grandes llaves
recogidas en su arete de hierro para abrir los portales, de las cartillas de
racionamiento que originaban larguísimas colas en los aledaños de los despachos
de los artículos de primera necesidad y que originaban toda clase de picarescas
en su torno y del estraperlo, que si ayudó a no pocos a la supervivencia,
convirtió a otros carentes de escrúpulos y que se movían a gran escala en una
nueva casta de adinerados.
Fueron también momentos de escasa higiene, sin agua corriente ni servicios en gran números de viviendas, de palanganas y escupideras, de corte de cabello al cero para acabar o no dar cobijo a los piojos, de ropas de quita y pon, de verter agua hirviendo sobre el somier metálico para terminar con las chinches y pulgas que te martirizaban con sus picaduras irritantes y con las pupas que se hacían más grandes de tanto rascar y rascar sin control, de los duros y desiguales colchones de paja o borra, a los que había que batir todos los días, así como ahuecarlos, de lavar a mano sobre tablas o en los lavaderos públicos y de tender al raso y de los pozos negros que dejaban en las casas olores nada agradables, pero a los que estábamos acostumbrados. Esta misma falta de higiene propiciaba también enfermedades que se ensañaban principalmente con los más débiles, que por supuesto eran los niños.
Años difíciles para la docencia, en los que se decía como algo habitual a quienes carecían de casi todo, en especial en lo tocante al manducar, que pasaba más hambre que un maestro de escuela. Una época en que dicho maestro parecía depender de la generosidad de los progenitores de sus alumnos, cuya hambre aliviaban de vez en cuando con regalos alimenticios, como papas, huevos y en fiestas solemnes y señaladas con alguna gallina, de la cual se extraía un caldo que milagrosamente parecía durar una eternidad. Esta situación casi de dependencia ponía en el mismo nivel al ignorante que regalaba, en no pocas ocasiones, con el docto maestro, que con vocación próxima a la santidad bregaba con una multitud de chiquillos cada cual de su padre y de su madre, que equivalía a decir que no había dos iguales.
Escasos eran los colegios públicos y los maestros nacionales, ya que el absentismo escolar era muy elevado, pues gran número de chicos comenzaban desde muy corta edad a laborar, ayudando en sus hogares en eso de sostener la mísera economía familiar. La ratio era elevadísima y se admitían en los pocos colegios existentes a todos los alumnos que acudiesen.
Los maestros, en su mayoría nada conservadores por su mismo status social, que exigía un cambio y por su misma formación, casi todos se vieron en el lado de la República, que quería decir entre los derrotados de la contienda, por lo que llegaron a faltar; siendo reemplazados a veces por personas que se consideraban poseedoras de una cierta cultura general, con un manejo primario de la Gramática y de las conocidas como cuatro reglas de las Matemáticas y que estuvieron dispuestas a ejercer esta bendita profesión, pasando las mismas calamidades. Otros optaron por aceptar contratos en academias particulares que estaban regidas, como ocurre en las farmacias, por un titular. Para la mayoría de los chicos y de los padres en general, era más rentable aprender un oficio en los talleres que existían, que perder el tiempo en los estudios que forzosamente y por falta de medios económicos en cualquier momento se podían ver truncados de manera insospechada. Tan sólo una minoría de privilegiados aspiraba a ellos sin plantearse lo anteriormente dicho. También los había, que por doble motivo, por aliviar bocas en las casas y porque los estudios eran gratis, mandaban a algunos de los hijos al Seminario más próximo y que no fuera raro comprobar que algunos no llegasen a la tonsura de antes y a lo que se conocía como tomar hábitos o cantar misa.
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miércoles, 14 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
¡Qué atrevimiento el nuestro y cuántas horas dedicadas altruistamente a esta tarea! Ya que no se trataban de decorados para una fiesta de final de curso o cualquier otra de poca monta; eran decorados para dos grandes escenarios de la ciudad, el del cine Perelló y en especial el del Nacional, y además realizados de forma artesanal y casi primitiva. Recuerdo que había que pegar tiras de papel marrón de envolver con sumo cuidado, sin que cogieran arrugas ni dobleces; posteriormente, cuando tenías la dimensión adecuada para el escenario, debíamos encolarle un auténtico enrejado de tiras de unos diez centímetros de gasa o tarlatana para que diera consistencia al papel, sobre todo en los lugares donde estos se pegaban y en los filos del rectángulo, reforzándose principalmente en la parte alta, de donde se suspenderían en la puesta de escena. Tras esta tarea venía la de darle la vuelta para proceder a pintar por la parte mate. Se pegaban los filos que quedaban sueltos y con tiza blanca se dibujaban las líneas maestras, que venía a reproducir las del boceto hecho con anterioridad en tamaño reducido. Por encima teníamos que movernos sin calzado, en calcetines o descalzos con el fin de no dañar el papel. Concluyéndose la faena con la pintura. El salón se llenaba de botes y cubos, no podía faltar el agua, ya que eran pinturas de ésta. Teníamos que mezclar muchos colores y tener la precaución de ver cómo quedaban cuando secaban; brochas y pinceles por todas partes y muchas ganas de terminar y verlos colgados cuando apenas habíamos comenzado. Los detalles, las cuestiones más delicadas, los últimos toques del final para mi hermano Clemente, que era infinitamente más artista que yo. Exigía todo esto un gran esfuerzo de imaginación y hasta de creatividad, pues había que deformar a veces la misma realidad o exagerar las perspectivas; ya que no se trataba de pintar un cuadro de dimensiones reducidas, sino de realizar unos fondos que dieran al espectador la sensación de espacios abiertos o cerrados reales, según requirieran las obras, cuidando las proporciones y la distancia ante el movimiento de los personajes. Una vez secos y teniendo en cuenta que casi siempre nos cogía el toro, se doblaban cuidadosamente y se procedía a su traslado a los respectivos teatros. Cuando acudías a la representación y veías tu trabajo como fondo, como dando cobijo a los intérpretes, que era quizás lo menos importante, sentíamos un pellizco en el estómago y casi no te creías que aquello era obra nuestra; sobre todo, porque éramos demasiados jóvenes. Y si nosotros echábamos horas, cuántas no echarían los componentes de
Es grato recordar a nombres, ya que es difícil quedarte después de tantos años con imágenes claras de hombres y mujeres que conformaban este grupo; incluso corres el riesgo de confundirlos. Por hablar de algunos y sin ánimo de ignorar a nadie, conocimos por aquellos años a dos maestros de música, a Manuel Macías y a Lirio Palomar y a un extraordinario e incansable director artístico, como lo era el conocidísimo Jesús Arrarás. Nosotros formábamos parte de la lista de los colaboradores, como Eustaquio Iglesias y Carlos Castañeda, que se apuntaban y valga la redundancia a eso de apuntadores; como Juanito Morales, que lo mismo hacía de regidor de escena que se ocupaba del maquillaje, si no estaba Óscar Mario. Después venían los que prestaban su voz y su figura, como eran entre las damas: Elvira Martínez, Margarita Wandossell, Carmencita Maldonado, María Luisa López, Purita Manzanaro, Encarnita Santiago, Mari Carmen Molina, Victoria Garnica, Pepita Taboada, Loli Rabell, Bernardita Aznar y Rosario Sanmartín, entre otras. Y entre los caballeros: Sergio Lop, nuestro buen amigo César Jiménez, Daniel Martínez, Antonio Navarro, Jesús Polanco, Manuel Molina, Lorenzo Santacruz, nuestro inolvidable Carlos Saura, Roberto Barros, Juan Morales, Máximo Gavete, López Grancha, José Wandossell, Pedro Maxía, Pedro Román, Manuel Naranjo, Reyes Palomo, Matías Ruiz y otros muchos más; rogando que me perdonen los que quedaron fuera de esta extraordinaria nómina.
(LIRIO PALOMAR FAUBEL)
Y volviendo la vista atrás y más por curiosidad que por otra cosa, con precios de las entradas que oscilaban entre las 12 y 15 pesetas para las primeras filas, 8 pesetas las restantes del patio de butacas, 6 pesetas las del principal y entre 4 y 6 pesetas las de general.
He dejado para el final el hablar algo de nuestra
preferida, “La verbena de la Paloma” o “El boticario, las chulapas y celos mal
reprimidos”, porque por ella siempre sentí una cierta predilección. No sé si es
cierto aquello que cuentan algunos entendidos de que el libreto lo realizó
Ricardo de
Es cierto que cualquier tiempo pasado no tuvo que ser necesariamente mejor ni peor, pero sí es evidente que fue distinto.
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martes, 13 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Retomando el hilo justificativo de nuestra afición por este género lírico, tengo que decir que fue por razón de otra de nuestras inclinaciones desde corta edad, como lo era el dibujo y la pintura. Existía en nuestra ciudad un grupo de aficionados a la zarzuela, que se atrevía a preparar algunas de éstas cada temporada, para representarlas con notable éxito, que todo hay que decirlo o por lo menos así nos lo parecía, ante sus paisanos. Tengo la creencia firme de que nuestra ciudad siempre tuvo un especial seguimiento de la actividad musical, como lo demostraba la existencia de una celebrada coral, el Orfeón Padre Victoria, con sus innumerables conciertos, incluso en la Península, así como su participación exitosa en aquellos concursos de Habaneras de Torrevieja.
Pues bien, en el montaje de la escenografía de dichas zarzuelas y en la ejecución de sus decorados, allí aparecíamos nosotros. La verdad que no sé cómo llegamos ni a través de quién o de quiénes a esta actividad concreta; lo cierto es que nos vimos envueltos en esta tarea que no nos desagradaba en absoluto. Aprendimos la técnica con otros y llegamos a caminar hasta solos llegado su momento. Me parece recordar que nuestros primeros pasos fueron dados con un tal Talavera, del que casi nada recuerdo, que no fuera que contaba con algunos años más que nosotros y más y mejor conocedor de todo esto; pues nosotros por aquellos años éramos unos auténticos críos, contando con tan sólo unos diecisiete abriles, ya que estoy hablando del año 1957, en el cual y concretamente el día 22 de marzo,
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lunes, 12 de enero de 2026
BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES
Lo primero que nos preguntamos al iniciar esta “razón” es cuál sería el fundamento o motivo por el que sintiéramos atracción por este conocido como género chico de la música, en comparación con la ópera, es decir, por la zarzuela; por esta muestra tan nuestra que sabe alternar magistralmente lo dramático con lo lírico o musical, e incluso con el baile. Para que te guste algo, lógicamente tienes que conocerlo como primera premisa; difícilmente se ama no lo que no se conoce. Luego, se entiende acerca de lo que se ve una y otra vez, si uno presta atención en el mirar; al tiempo de que hasta se puede gozar del espectáculo, con lo que crece el enamoramiento. El oído se te afina si tienes una mínima sensibilidad para ello y se va completando el cuadro que justifica la atracción.
¿Fue lo nuestro enamoramiento? Sencilla y sinceramente, no.
¿Acaso llegamos al grado de entendimiento que superase lo meramente tenido o considerado como afición? De ninguna de las maneras.
¿Es que nos faltaba sensibilidad? Tampoco era el caso.
Entonces a qué viene elegir a la zarzuela como algo llamativo en nuestra juventud, cuando nos movíamos alrededor de la veintena de años.
¿Es que era tanta la actividad en torno a este tipo de representaciones en nuestra ciudad por aquella década de los sesenta, que uno se pudo ver enganchado a ella? Aunque sí puedo afirmar que pudo ser más prolífica que en la actualidad, donde la dichosa televisión casi absorbió todo, tampoco eran tiempos en que se representaban zarzuelas un día sí y otro no.
Cuál fue entonces la razón de esta arribada a ella. Creo que el azar o el movernos en actividades que podían ser útiles para su puesta en escena y así se empieza a aclarar el panorama, ¿no?
No parece raro y hasta pretencioso que unos jóvenes de una ciudad provinciana como la nuestra, por muy modernista y cosmopolita que lo fuera, por mucho que fuese encuentro de diferentes culturas, estuviera familiarizado con títulos de espectáculos como “La boda de Luis Alonso” de Jerónimo Jiménez, con “El dúo de la Africana” y “Gigantes y Cabezudos” de Manuel Fernández Caballero, con “El rey que rabió” y “La Revoltosa” de Ruperto Chapí.
Con “Agua azucarillos y aguardiente”, “La Gran Vía” y “La alegría de la huerta” de Federico Chueca, con “El puñao de Rosas” de Carlos Arniches, con “Bohemios” y “Doña Francisquita” de Amadeo Vives, con “La canción del olvido” del maestro Serrano, con “La rosa del azafrán” y “El huésped del sevillano” de Jacinto Guerrero, con “Las del soto del Parral” de Sagi Barba, con “Luisa Fernanda” de Moreno Torroba, con “La tabernera del puerto” o “La del manojo de rosas” de Pablo Solozabal” y sobre todo, con “La verbena de la Paloma” del maestro Tomás Bretón.
Acordarte de canciones como aquellas de “Caballero de Gracia” de La Gran Vía, del chotis de la falda de percal de Cuadros disolventes, el “Pichi” de Las Leandras, la “Mari Pepa” de La Revoltosa, la “Fiel espada triunfadora” de El Huésped del Sevillano o el coro de “Dónde estarán nuestros mozos” de La rosa del azafrán.
Recordar nombres como los de Pilar Lorengar, Teresa Berganza, Ana María Olaría, Carlos Munguía, Manuel Ausensi...; algunos de los cuales tuve la fortuna de oírlos en directo gracias a aquellos Festivales de España de lejanos tiempos en que