Coincidimos con él en muchas y variadas actividades de esta organización juvenil, que iban desde las reuniones periódicas que teníamos en la sede que existía en la planta baja del edificio de los Sindicatos, al final de la calle General Mola, nada más pasar el Hospital de la Cruz Roja, hasta los días vividos en las campamentos de Rostrogordo, en los que participamos primero como simples acampados y luego como mandos; desde las vigilias del 20 de noviembre montando guardia en la Cruz de los Caídos y participando en el montaje del pequeño campamento que para tal fin se levantaba en el paseo de la calle General Mola, delante de ella, hasta las manifestaciones realizadas delante de la Embajada de Inglaterra, cantando el “Gibraltar español”; desde los viajes a Andalucía y al resto de España con motivo de las competiciones deportivas, hasta la asistencia a Madrid, para aquellos encuentros multitudinarios del 1 de abril, Día de la Victoria, delante del Caudillo y que constituían evidentes muestras del gusto y las maneras de los fascismos; desde los desfiles por diferentes calles de la ciudad con motivo de distintas efemérides y celebraciones hasta el canto del “Cara al sol” con el brazo extendido y la mano abierta, otra prueba fascista, cientos de veces. Y todo ello, sin olvidar que compartíamos el mismo uniforme en los acontecimientos oficiales: aquella camisa azul con el pato ajedrezado en uno de los bolsillos y el yugo y las cinco flechas en el otro, con el pantalón que creo era beige o verde pistacho claro y corto, las medias blancas, las botas oscuras y la boina roja.
Con el paso de los años, desaparecen las Falanges Juveniles, la democracia está a las puertas, porque así lo quiere el pueblo, y éstas son sustituidas por otra organización más de acorde con los nuevos tiempos, la OJE, que aunque no pierde muchos de los símbolos y maneras de la anterior, porque sigue en mano de los mismos hombres, tiene una mayor y mejor dedicación a aspectos culturales y deportivos que políticos.
Aquella primitiva estructura organizativa, primero
en escuadras, me parece que formadas por 6 ó 8 chicos, con su correspondiente
jefe de escuadra y luego agrupadas en centurias, con sus jefes también y hasta
portadoras de nombres de personas, hechos o lugares relacionados con la
contienda nacional, desaparece. Aquellos periódicos de escuadras y de
centurias, que se colgaban en los tablones de anuncios y murales que por su
tamaño ocupaban las paredes con contenidos principalmente políticos, a pesar de
los pocos años de sus autores, van dando paso a otros trabajos de contenidos
más variados, hasta también desaparecer. Los chavales se acercan a
Y Manuel Corbí Ávila está presente en toda esta evolución como muchos de aquellos jefes y mandos y antes de que llegara su merecida jubilación en su paso a otros organismos de la nueva administración. En su caso y como Luciano Tejedor, eligió
Él, como tantos otros, supo adaptarse bien a los nuevos aires y modos y de su pasado guardaría montones de recuerdos y hasta una cierta nostalgia de muchos de ellos; pero tampoco me lo figuro entre aquellos trasnochados que añoraban la vuelta a un pasado que presentó, sin ningún género de dudas, más sombras que luces.
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