sábado, 2 de mayo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO SEXTA

36.-   Una casa: LA DE LOS CRISTALES   ( II )


            Y volviendo a la subjetividad señalada anteriormente, de todos los edificios modernistas de nuestra ciudad hay uno por su singularidad, incluso por el atrevimiento de romper con la mayoría de las formas habituales de ellos, llamó siempre mi atención, el conocido como la Casa de los Cristales, situado en la esquina de las calles Prim y Abdelkader y que en la actualidad, igual que en nuestros tiempos, que no coincidió con el fin para el que fue construido, alberga viviendas y oficinas. También se encuentra en ella la sede social de la Agrupación Artística Tallaví, que fue fundada allá por los años sesenta y pico y que estuvo siempre íntimamente ligada, de ahí su nombre en reconocimiento al actor melillense José Tallaví Villalobos, a la actividad dramática. De tal manera ha sido importante la labor realizada por esta Asociación en torno a la dramatización, que en nuestra ciudad hablar de teatro en estos últimos años es hablar necesariamente de ella.


(Actor melillense José Tallaví Villalobos)

        Desde pequeño me maravillaban aquellas fachadas llenas de cristales, que no las había visto en ningún otro edificio de la ciudad. Para un pequeño en su ignorancia, que sabía de la fragilidad de este material porque se le había roto alguna vez al caer al suelo algún objeto de vidrio que portaba en sus manos, que había presenciado como un simple pelotazo hacía añicos el cristal de una ventana, aquello de cubrir todo un edificio de unas cuatro plantas, sin contar el bajo, con cristales era demasiado atrevimiento, hasta una auténtica locura. Lo que no quitaba valor al mismo, sino todo lo contrario, que le resultaba una pasada, algo extraordinario. Aquel verde que reflejaban sus paredes exteriores era único y creo que en esto estaba la mayor grandeza de este edificio; que contaba también, tanto en su planta baja como en los últimos pisos muestras claras de un estilo neoárabe y que eran más evidentes en su portada principal y en los ventanales laterales.


            Aquel notable edificio fue construido con un fin bien distinto al que hoy tiene. Se levantó para ser el Gran Hotel Reina Victoria y fue inaugurado a principios del siglo XX, cuando yo ni siquiera había nacido, en el año 1927. Siendo propietario del mismo, ya que fue el que aportó la inversión necesaria para su ejecución, el empresario don Ramón Gironella. Su construcción supuso una apuesta muy fuerte para Melilla en este sector, ya que contaba con ochenta habitaciones, número importantísimo para aquellos años en que nuestra ciudad empezaba a alcanzar un gran desarrollo gracias a un comercio floreciente. Habitaciones que contaban con cuartos de baño, cosa poco usual por entonces. Edificio que tenía ascensor, algo también sorprendente, que además presentaba la oferta de un gran restaurante y lo que ya era un auténtico lujo, hasta un bar americano.

         Su servicio debía de ser exquisito, hasta tal punto que en aquellos primeros años de su funcionamiento ofrecía interpretes para los tres idiomas que se hablaban en la ciudad principalmente y en razón de los visitantes que llegaban: el español, el francés y el árabe. Y cuentan también que se ofrecía a sus usuarios un vehículo propiedad del hotel, para transportarlos desde el puerto, después de sus llegadas en el vapor que servía de correo desde la Península, hasta el hotel o desde éste al puerto cuando abandonaban nuestra ciudad.

         Visitar Melilla con tiempo y no detenerse unos minutos para presenciar la Casa de los cristales, aunque sólo sea para gozar de su aspecto exterior, parece un posible pecado de ceguera, que si merece nuestro perdón es por aquello de que ellos se lo pierden.


No hay comentarios:

Publicar un comentario