RAZÓN TRIGÉSIMO NOVENA
39.- Un militar: DON RAMÓN GOTARREDONA PRATS ( IV )
Pero lo que más caló en la población civil, a pesar
de que él era militar, fue su decisión de retirar la alambrada de la playa de
la Hípica que impedía a los que no eran socios de aquella entidad el
utilizarla, al igual que el dique sur. Aquello trajo alguna cola y despertó
todo tipo de comentarios por las partes afectadas y por los que no daban
crédito a lo que estaban viendo.

Muchos abusos desaparecieron con su llegada y que
fue un hombre controvertido, como señalaba al principio, lo demuestra el que a
pesar de todo, la Guarnición de Melilla, como prueba de admiración, de respeto
como eufemismo de miedo, diría yo, y cariño hacia su persona, le imponía en
nuestra ciudad el fajín de Teniente General, aunque algún malpensado pudiera
decir o pensar que tal solemne acto se le ofrecía el 13 de octubre de
1961,cuando ya se sabía su destino a la Capitanía General de Canarias.
Reafirmando lo anteriormente señalado con el hecho de que el 23 de mismo mes y
año, el Excelentísimo Ayuntamiento de Melilla le concedía la Medalla de Oro de nuestra
ciudad.
Yo viví posteriormente y durante mi servicio militar
dos experiencias anecdóticas con él; aunque lógicamente su persona, por
entonces Jefe Militar de las Plazas de Soberanía, Melilla y Ceuta, y con
residencia en esta última, tendría muchas ocupaciones que llevar a cabo y
muchas cuestiones en que pensar para ocuparse de unos insignificantes soldados como nosotros,
permaneciendo ajeno a nuestra presencia y para fortuna nuestra.
La primera fue que durante un permiso oficial que
gozamos como cualquiera en el transcurso de nuestra mili, nos desplazamos a la Península, concretamente
a Madrid, llevando a nuestro cargo unos equipos de voleibol para participar en
la fase final de los Juegos deportivos de la OJE y aunque llevábamos atuendo deportivo, el
correspondiente chándal azul con el nombre de Melilla, el corte de pelo, del
que me he referido con anterioridad, delataba nuestro compromiso con la patria.
Hasta aquí la historia no tiene nada de anecdótica, ello aparece en el viaje en
barco de regreso a Melilla desde Málaga en el vapor correo que hacía diariamente
el tráfico entre ambas poblaciones. Cuando llegamos al puerto, vemos en el
mismo una compañía de soldados, con banda de música, tambores y trompetas
incluida, que recibe en visita oficial al Sr. Gotarredona Prats. Nosotros,
ignorando esto, desde cubierta y cerca de la escalera de bajada a tierra,
intentamos localizar a la familia para saludarla; pero en cuanto nos enteramos
de que el citado General es el primero que debe usar la escalera para recibir
el correspondiente saludo de las autoridades de la ciudad que se han
concentrado para esperarlo, desaparecemos con cierta preocupación de las
cercanías de la misma y hacemos tiempo en el camarote hasta que termine aquel
acto y por si las moscas, no fuera a fijarse, iluso de mí, alguno de los jefes
en nuestro corte de pelo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario