martes, 12 de mayo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO NOVENA

39.-   Un militar:   DON RAMÓN GOTARREDONA PRATS   ( IV )

        Pero lo que más caló en la población civil, a pesar de que él era militar, fue su decisión de retirar la alambrada de la playa de la Hípica que impedía a los que no eran socios de aquella entidad el utilizarla, al igual que el dique sur. Aquello trajo alguna cola y despertó todo tipo de comentarios por las partes afectadas y por los que no daban crédito a lo que estaban viendo.


            Muchos abusos desaparecieron con su llegada y que fue un hombre controvertido, como señalaba al principio, lo demuestra el que a pesar de todo, la Guarnición de Melilla, como prueba de admiración, de respeto como eufemismo de miedo, diría yo, y cariño hacia su persona, le imponía en nuestra ciudad el fajín de Teniente General, aunque algún malpensado pudiera decir o pensar que tal solemne acto se le ofrecía el 13 de octubre de 1961,cuando ya se sabía su destino a la Capitanía General de Canarias. Reafirmando lo anteriormente señalado con el hecho de que el 23 de mismo mes y año, el Excelentísimo Ayuntamiento de Melilla le concedía la Medalla de Oro de nuestra ciudad.

         Yo viví posteriormente y durante mi servicio militar dos experiencias anecdóticas con él; aunque lógicamente su persona, por entonces Jefe Militar de las Plazas de Soberanía, Melilla y Ceuta, y con residencia en esta última, tendría muchas ocupaciones que llevar a cabo y muchas cuestiones en que pensar para ocuparse de unos  insignificantes soldados como nosotros, permaneciendo ajeno a nuestra presencia y para fortuna nuestra.

              La primera fue que durante un permiso oficial que gozamos como cualquiera en el transcurso de nuestra mili, nos desplazamos a la Península, concretamente a Madrid, llevando a nuestro cargo unos equipos de voleibol para participar en la fase final de los Juegos deportivos de la OJE y aunque llevábamos atuendo deportivo, el correspondiente chándal azul con el nombre de Melilla, el corte de pelo, del que me he referido con anterioridad, delataba nuestro compromiso con la patria. Hasta aquí la historia no tiene nada de anecdótica, ello aparece en el viaje en barco de regreso a Melilla desde Málaga en el vapor correo que hacía diariamente el tráfico entre ambas poblaciones. Cuando llegamos al puerto, vemos en el mismo una compañía de soldados, con banda de música, tambores y trompetas incluida, que recibe en visita oficial al Sr. Gotarredona Prats. Nosotros, ignorando esto, desde cubierta y cerca de la escalera de bajada a tierra, intentamos localizar a la familia para saludarla; pero en cuanto nos enteramos de que el citado General es el primero que debe usar la escalera para recibir el correspondiente saludo de las autoridades de la ciudad que se han concentrado para esperarlo, desaparecemos con cierta preocupación de las cercanías de la misma y hacemos tiempo en el camarote hasta que termine aquel acto y por si las moscas, no fuera a fijarse, iluso de mí, alguno de los jefes en nuestro corte de pelo.

                          

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