RAZÓN CUADRAGÉSIMO PRIMERA
41.- Un médico: DON ANTONIO CALDUCH BRIS ( I )
Muchos son los médicos que han pasado por la vida de
uno y por tratarse de situaciones más o menos desagradables las que motivaron
el contacto que se ha tenido con ellos, casi inconscientemente se les olvida,
por aquello de que es mejor acordarse de las alegrías que de las tristezas.
Hasta tal punto para mí esto es cierto que tengo que hacer un verdadero
esfuerzo para acordarme del nombre, no más, de algunos de ellos, con una clara
y única excepción, la de un hombre que desde que abrió su consulta en el bajo
del número 5 de la calle Teniente Coronel Seguí se convirtió en el médico de
cabecera de mi familia. No era otro que don Antonio Calduch.
Esto ocurría aproximadamente allá por el año 1948,
cuando yo tenía sólo unos nueve añitos y él era un médico bastante joven, pues
tendría entonces unos treinta y tres, ya que había nacido en la ciudad
internacional de Tánger, en el norte de Marruecos, en el año 1915.
Lo recuerdo perfectamente, de rostro agradable, pelo
rubio que pronto caneaba, siempre bien cuidado y peinado a la raya y con sus
inseparables gafas oscuras, piel muy blanca que le daba el aspecto en general
de extranjero, de habitante, por ejemplo, de los países nórdicos de Europa.
Su hablar era igualmente grato y no rehusaba
conversar de forma amena con los pequeños, tanto en su consulta como en las
visitas que hacía a los propios domicilios. Delicado en sus maneras y
demostrando siempre una educación esmerada, recibida en su familia y
posiblemente complementada en el Liceo Francés de Tánger, donde realizó sus
primeros estudios.
Siguiendo el ejemplo de su abuelo, que había sido
médico en Jadraque (Guadalajara), población que conocí cuando estuve destinado
como maestro en un pueblo cercano a éste, se hace médico en Madrid.
( JADRAQUE )
Bueno, mejor escrito, realiza sus estudios de
medicina en la capital del país; pues eso de hacerse médico de verdad sería en
el ejercicio permanente de la tarea que voluntariamente había elegido y
especialmente en aquellos años en que ejerció la medicina en tierras
marroquíes.
Con el paso del tiempo se va acercando a Melilla,
contrayendo matrimonio con doña Teresa Antolinez, con la que formó una
auténtica familia numerosa, pues como en la nuestra, fueron cinco los hijos que
le vinieron a este mundo; hasta que por el año 1944 se hace cargo del Círculo
Médico de Farhana, contando algunos biógrafos suyos que tuvo un ayudante
marroquí, llamado Hamut, que convertido en zahorí encontró agua y que ejecutado
un pozo en el lugar señalado por él, permitió que el agua aflorara en el mismo
desde entonces y hasta nuestros días.

Como señalé antes, por el año 1948 instaló su
consulta en la planta baja del número 5 de nuestra calle y alguna que otra vez
tuvo que padecer las trastadas de los chicos que jugábamos en la plazoleta, en
forma de pelotazos dados en sus ventanas de cristales o en las persianas si
estaban echadas, como era habitual; de los gritos y voces que dábamos en
nuestros continuos juegos o cuando instalábamos nuestras propias exposiciones
de tebeos en el suelo y sujetados con piedras para alquilarlos o reuníamos en
su torno a gran cantidad de chicos que nunca callábamos y que teníamos la mala
costumbre de hablar todos a la vez y en voz alta.
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