El Parque Hernández, que sin duda es el pulmón verde
de la ciudad moderna y que tuvo un origen forestal, que yo por cierto no conocí
así, tiene una notable variedad, por tal razón, de árboles; así como de plantas
en los jardines que posteriormente se fueron conformando con el paso de los
años. Siempre conocí a este parque con las dimensiones actuales y con el
cerramiento que lo rodea. En su interior sí viví algunas de sus modificaciones,
pero nunca esenciales como para cambiar su fisonomía o planeamientos. Es cierto
que aparecen elementos nuevos de forma puntual y que otros, como el palomar,
los patos o la fuente central, por citar algunos, dejan de existir; pero no por
ello deja de ser nuestro parque de siempre.
En el Parque Hernández siempre se estaba divinamente. Fue y sigue siendo lugar de juego para la chiquillería, sitio de encuentros y citas, zona de alivio para las calores del estío melillense, área de goce y deleite donde el tiempo parece detenerse, sector de la ciudad nueva que invita al mayor a llenar sus pulmones con aire más limpio y puro, a recrear su pasado bajo la sombra agradable de sus árboles.
Pues bien, de todos estos últimos, yo me quedo con las palmeras, que si proliferan por distintos rincones de nuestra ciudad, como las de este recinto ningunas. Sé que las de
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