miércoles, 20 de mayo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN CUADRAGÉSIMO SEGUNDA

42.-   Un árbol:   LAS PALMERAS DEL PARQUE HERNÁNDEZ    ( I )

        El Parque Hernández, que sin duda es el pulmón verde de la ciudad moderna y que tuvo un origen forestal, que yo por cierto no conocí así, tiene una notable variedad, por tal razón, de árboles; así como de plantas en los jardines que posteriormente se fueron conformando con el paso de los años. Siempre conocí a este parque con las dimensiones actuales y con el cerramiento que lo rodea. En su interior sí viví algunas de sus modificaciones, pero nunca esenciales como para cambiar su fisonomía o planeamientos. Es cierto que aparecen elementos nuevos de forma puntual y que otros, como el palomar, los patos o la fuente central, por citar algunos, dejan de existir; pero no por ello deja de ser nuestro parque de siempre.

         Por tratarse de un recinto cuya materia principalmente constitutiva es la de seres que gozan de vida, como son las plantas, puede decirse que en su conjunto es una auténtica naturaleza viva; donde el verdor que predomina se multiplica en tonalidades bien diferentes y que se ve salpicado por una gama completísima de colores. Sirviendo al mismo tiempo de cobijo a una innumerable lista de animales de variados tamaños, condiciones y características que tienen su habitat, la mayoría, de forma permanente en su aire, en las copas de su abundante arboleda, en el suelo que la sustenta y en el agua que la nutre, que es factor vital e importantísimo para su nacimiento, crecimiento y desarrollo.

En el Parque Hernández siempre se estaba divinamente. Fue y sigue siendo lugar de juego para la chiquillería, sitio de encuentros y citas, zona de alivio para las calores del estío melillense, área de goce y deleite donde el tiempo parece detenerse, sector de la ciudad nueva que invita al mayor a llenar sus pulmones con aire más limpio y puro, a recrear su pasado bajo la sombra agradable de sus árboles.


            Pues bien, de todos estos últimos, yo me quedo con las palmeras, que si proliferan por distintos rincones de nuestra ciudad, como las de este recinto ningunas. Sé que las de la Plaza de España, celosas de las del Parque Hernández, pueden intentar cautivarme también, alzándose al cielo con galanura, meciéndose como arrulladas por la brisa del mar tan cercano...; pero no, yo me quedo con las de mi parque, porque en mis años infantiles las vi crecer en su desenfrenada carrera de querer parar las nubes o tocar nuestro cielo, porque desde mi ventanal, en aquel marco que conformaba el paisaje más inmediato a mi hogar, eran las más presumidas, las que nunca dejaron de verse.


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