viernes, 29 de mayo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN CUADRAGÉSIMO CUARTA

44.-   Un "manitas", de los buenos:   NUESTRO HERMANO ÁNGEL   ( IV )

        Pero es que Ángel era además inventor de historias y artilugios tan sencillos como aquello del huevo de Colón. Estando viviendo en Málaga, por ejemplo, uno de los grandes problemas que tenían los empleados y repartidores de las botellas de butano era el de llegar a un bloque de no sé cuántos plantas y pisos en cada una de ellas y saber a dónde dirigirse sin perder tiempo y sin molestar a nadie. Él un día propuso a la comunidad de vecinos su idea para solucionar este ridículo problema, que no era otro que el de recortar en plástico anaranjado una botella como las de butano de unos seis o siete centímetros, en donde iba inscrito en relieve el número del piso y la letra de la puerta.


            El vecino cuando salía de su hogar a cualquier hora y si necesitaba una bombona, dejaba aquella muestra colgada en un pequeño tablón que había para tal fin y cuando el repartidor llegaba, la cogía e iba directamente a entregar las dos cosas al solicitante. ¿Sencillo, verdad? Aquello tuvo un cierto éxito en su entorno y se hartó de hacer botellitas de butano. Y aquí entraba en juego otras de sus peculiaridades, la del trajineo o el comercio directo de materias, el trueque. Las botellitas que él fabricaba con todo el esmero del mundo, porque era amante del trabajo bien hecho aunque fueran menudencias, eran vendidas en una tienda del entorno suyo; pero él no las cobraba en dinero, sino en especie, ya que a cambio de ellas conseguía de dicho establecimiento artículos que él necesitaba.


            La mejor prueba de que era un manitas es que en su hogar las averías tenían que ser muy gordas para que entrase un profesional en el mismo. Lo mismo arreglaba la lavadora que embobinaba un motor con hilo de cobre, instalaba la electricidad de un cuarto o encolaba la pata despegada de una silla. Era lo que llamamos en general un verdadero artista y en este aspecto tenía a su mujer, Loli, en la gloria, porque hay que ver lo que cuesta que un fontanero, pintor, electricista o carpintero, venga a la casa de uno, no ya por el factor económico, sino por los días que tienen que pasar para darnos la cara con cualquiera de ellos.

            Además, Ángel no era ambicioso, su honestidad y responsabilidad les salían por todos sus poros. Le gustaba la obra bien hecha y estoy plenamente convencido que esto lo heredó de su madre, Pepita la modista. Cobraba por sus trabajos extras lo que él creía justo, en razón del esfuerzo realizado principalmente, tanto en lo físico como en lo intelectual. Y referido a este particular, recuerdo una anécdota que nos contó una vez que coincidimos con él en la bonita localidad malagueña de Nerja. Existía en las cercanías de su casa un taller de mecánica del automóvil y su dueño, no sé cómo se había enterado de sus conocimientos acerca de esta materia, hizo amistad con él y cuando se le presentaban cuestiones algo delicadas, que no sabía cómo resolverlas acudía a Ángel, que casi siempre las resolvía. El dueño cobraba y parte de los ingresos obtenidos se los entregaba a mi hermano, al que dicho sea de paso le venía estupendamente. Un día le llegó al taller un nuevo modelo de esos automáticos y el hombre no sabía por donde meter mano a tal modernidad; así que invitó al propietario del vehículo a que lo dejara en el taller, pensando que lo viera Ángel, para ver si daba con el fallo. Así fue y al llegar, después de verlo y rascándose la cabeza, que siempre la tuvo grande, tuvo un momento de inspiración y se fue directamente al grano, apretó algún chismito o conectó algo suelto y cuando el propietario del taller puso el coche en marcha andaba y no era para menos, como los ángeles. De la primera admiración, el del taller pasó al cabreo, porque cuando requirió el parecer de Ángel para ver cuánto le cobraba al rico dueño del coche, porque cualquiera no tenía un vehículo de aquellos, éste le respondió con la mayor naturalidad que nada, pues él había visto lo que había hecho. Nunca supo lo que le cobró, lo que sí nos contó mi hermano es que salió despotricando como loco y diciendo que con tanta baratura iban a venir todos los clientes del mundo a aprovecharse de sus precios y que también había que darle importancia al saber a la primera tocar el botón correcto... Ángel nos contaba todo esto sin perder su sonrisa.

                                 

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