domingo, 17 de mayo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN CUADRAGÉSIMA

40.-   Un cine:   EL NACIONAL   ( IV )

          Pero es que además, el Nacional para unos chiquillos como nosotros dos tenía el encanto de que su dueña, mujer educada y encantadora, de trato siempre agradable, visitaba frecuentemente nuestra casa, ya que era cliente habitual de mi madre. Vamos, que era ella una de las personas que la vestía Pepita, la modista; teniendo que venir cada vez que se hacía un vestido varias veces a nuestro hogar, para elegir el modelo, tomarse medidas y realizar las distintas pruebas, encontrándose con nosotros en algunos ocasiones e intercambiando palabras con aquella pareja de chicos tan parecidos, que ella no era capaz de distinguir. Frecuentemente también nos invitaba; aunque tengo que confesar que jamás hicimos uso de aquel privilegio porque nos daba cortedad y es que para algunas cuestiones éramos muy tímidos, sonrojándonos por nimiedades.

        Sé que el Monumental con su cambio de uso y dedicado actualmente a la actividad comercial, originó su correspondiente polémica en la ciudad, con los lógicos enfrentamientos entre los defensores a ultranza del mantenerlo como recinto destinado al espectáculo y mantener así su estructura primitiva y los que se salieron con la suya de darle un uso más práctico y de rentabilidad económica. Yo seguramente me hubiera aliado con los primeros y habría hecho una llamada de atención a las Instituciones de la localidad para que se hubieran hecho cargo del mismo, manteniéndolo como otro de los grandes símbolos de la ciudad. Sin embargo, el Nacional, me consta que está sobreviviendo al empuje de otros  intereses económicos que nada tienen que ver con la dramatización y el séptimo arte; por ello, sería interesante que se hiciera el esfuerzo necesario por parte de quienes corresponda para que no se levantaran un día los melillenses y se vieran sorprendidos, con la consiguiente sorpresa, de que hubiera sido vendido para convertirse en sede principal de cualquier banco o caja de ahorros o para ser la casa central de cualquier multinacional o servir en sus bajos como escaparate, exposición y lugar de venta de vehículos de cualquier marca prestigiosa del mundo del automóvil.


            Y es que cines y teatros como estos se ven pocos en las ciudades y pueblos de España; máxime en una época en donde la solución encontrada para la crisis del sector, que creo tiene su peor enemigo en la pequeña pantalla del televisor, aunque ya sé también que no es lo mismo para los cinéfilos, es la de pequeñas salas de proyección y reunidas, la de los multicines. A mí, por ejemplo, y sin ser excesivo amante de este arte, no me cuesta confesar que cómo va a ser lo mismo ver, por poner una película cualquiera, la proyección de “La belle époque” en el Nacional que en la pantalla de un televisor de 24 pulgadas.

            Por favor, melillenses, que al Nacional no nos lo toquen. Y si lo hacen que sea para mejorarlo o para recuperar, para los nostálgicos, su antiguo y desconocido nombre para nosotros, como era el del Gran KURSAL.  


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