martes, 26 de mayo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN CUADRAGÉSIMO CUARTA

44.-   Un "manitas", de los buenos:   NUESTRO HERMANO ÁNGEL


         Para mi madre lo que le ocurrió un día en el colegio fue algo incomprensible y sobre todo, decía ella, teniendo en cuenta que su hijo Ángel sin ser un claro ejemplar que mereciera el apelativo de estos espíritus puros por méritos propios, era un niño bonachón y hasta poco travieso. Tendría unos doce añitos y estudiaba en el colegio de La Salle, cuando uno de los Hermanos le propinó un bofetón y le reventó el oído. Eran otros tiempos y por esto no se salía en la televisión, entre otras cosas porque ésta aún no existía. Al llegar a casa, mi madre con su reciente viudez a cuesta, no se paró en pensar en culpabilidades y entrar en el capítulo de explicaciones, atendió a su hijo como mejor pudo y supo y tomó la decisión de que a su pequeño ni aquel Hermano de La Salle ni otro cualquiera le daba un golpe más. Quitándolo del colegio, como se decía por entonces, sin trauma alguno y entrando a ayudar al poco tiempo a su hermano mayor, Domingo, que trabajaba en la gasolinera que tenía nuestro tío, Fausto Mas, pasado el puente del Tesorillo y delante del Garaje Bernabeu, del que era también propietario, se concluyó aquel incidente más que desagradable y se inició su vida laboral.


             Seguramente por aquello de la edad y del entendido como favor familiar, ganaba poco o nada; pero sí supo de la dureza del trabajo desde los pocos años; ya que en aquellos primitivos despachos de gasolina, que yo sí los llegué a conocer, había que mover, más con habilidad y maña que con fuerza y que él aún no poseía, pesados bidones; así como para expender el combustible se exigía la manipulación repetidas veces de la manivela de una bomba, por medio de la cual se extraía de aquellos depósitos grandes para llevarlo a unos cilindros más pequeños colocados en alto y con las correspondientes medidas señaladas, desde donde con la manguera se suministraba a los vehículos, cayendo ya por su propio peso.


            Como era un chico despierto, allí, en el garaje, que también contaba con taller de mecánica del automóvil, aprendió sin que casi nadie se lo enseñara muchas cosas en torno a los vehículos y aún no teniendo ni edad siquiera para ser aprendiz, aunque siempre contó con las ventajas de ser el sobrino pequeño del dueño, de que aquello le encantaba mucho más que las clases y que era despierto y vivo como el hambre; además de que por su carácter y forma de ser, debía de dar muy poca lata.

      Embutido permanentemente en aquellos monos azules, que le sobraría por todas partes, llenos de grasas y aceites, que se quedaban de pie después de varias jornadas, aprendió el funcionamiento de los distintos órganos y aparatos que se encontraban y formaban las entrañas de los vehículos de motor, haciéndose antes de tiempo un hombrecito.


            Pasaron algunos años y la modernización, junto a la incorporación del hijo del amo, Fausto también como el padre, al frente de la nueva gasolinera instalada en sus aledaños, vino a demostrar que aquello no era tajo para los dos hermanos; contándose además con que Ángel aspiraba a algo más que estar expendiendo gasolina o cambiando y arreglando ruedas de coches toda su vida.

         Los conocimientos prácticos que había adquirido al pie del cañón, ya de mayor, los complementa con estudios teóricos por su cuenta, ya que es un verdadero autodidacta, y aprovecha la oportunidad que se le presenta y encuentra trabajo en Marruecos en una de las dependencias de las Minas del Rif. La prueba que le exigen para conseguir dicho puesto de trabajo, él mismo nos contaba con un cierto gracejo, consiste en situarle justo al lado de un pesado camión de fabricación rusa, que él no había visto en su vida, de aquellos de la guerra, antiquísimos y duros e invitarle a que desarmara su motor por completo y volviera a recomponerlo y que como colofón siguiera funcionando.


            No le debió de sobrar ninguna pieza o por lo menos importante, ya que después de algunas horas el desconocido motor del camión soviético rugió como lo hacía anteriormente y consiguió su trabajo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario