jueves, 30 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO QUINTA

35.-   Un "tontódromo" en determinadas horas:   LA AVENIDA   ( V )

        Así era la Avenida de mis tiempos, con más grandezas que miserias y por donde era mayor su esplendor en los desfiles procesionales de nuestra peculiar Semana Santa y en los militares del Día de la Victoria, ante los que la chiquillería alucinaba y que por supuesto nunca nos queríamos perder. Luego, ya siendo algo mayor, vimos ambos con un sentido más crítico y despertaron en algunos de nosotros muchos interrogantes, algunos sin respuestas todavía.


            Nuestra Semana Santa culminaba en la Avenida, por donde tenían que procesionar todos los pasos de la ciudad, en cuyas aceras se ponían sillas y hasta palcos en las proximidades de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Lo mismo ocurría en los desfiles militares, pues nuestra Avenida era el lugar donde todos los ejércitos querían lucirse ante la tribuna instalada para las autoridades civiles y militares de la ciudad, acompañadas de sus respectivas familias que tenían este privilegio como en todo el mundo y en donde a todo su largo más gente se congregaba para presenciarlos.


                Lo que más nos gustaba a todos los pequeños eran los abundantes contrastes de los mismos. Además de aquellas capas blancas que se mecían al aire y que acompañaban al uniforme de los de la Mehal-la y su lento caminar al son de las gaitas o de las chirimías, era la velocidad de los legionarios, esa chulería de dejarle ventaja a los demás, que así lo entendíamos nosotros, y el tronar a un ritmo más acelerado de los tambores y cornetas de su banda, que hacía brotar inmediatamente los aplausos de la concurrencia. Ese andar tan rápido y marcial que nos ponía a los pequeños la carne de gallina y que en un abrir y cerrar de ojos desaparecían de nuestra vista, quedándonos después solamente con el sonido de la banda de música que se alejaba, con el rítmico y acelerado pisar de la tropa y con las palmas del público que se reproducían a su paso como una verdadera ola.


            Así fue mi Avenida durante mi niñez y juventud, otro rincón de la ciudad de la que siempre me sentí muy orgulloso y que no dejo de visitar, aunque ahora la veo de otra manera muy distinta y bajo otras perspectivas, cuando tengo la fortuna de encontrarme en la que nunca dejará de ser mi ciudad, Melilla.


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