sábado, 25 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN TRIGÉSIMO CUARTA 

34.-   Dos buenos amigos:   LUCIANO TEJEDOR Y TERE   ( IV )

        Hasta que llega un maldito día en que la felicidad de aquel bendito hogar se ve truncada con el diagnóstico de una cruel enfermedad en Tere. Luciano se derrumba y ella vuelve a ser la fuerte y con su permanente carácter luchador le hace frente. ¡Qué entereza la suya! ¡Qué ejemplo de fortaleza y amor a la vida que la enfermedad le quiere arrebatar! Ella sabría el volumen de su calvario; ambos compartirían en estos amargos momentos esperanzas y desilusiones. La intervienen y Tere también sabe de la dureza de aquel posterior tratamiento que con sólo imaginarlo te quiebra el alma; sin embargo, ella es fuerte, no se amedrenta y nunca pierde el ánimo, hasta se permite el rol de animar a todos los suyos.

         Nos encontramos de nuevo en El Viso del Alcor y por acercarse la Navidad nos traen un Nacimiento grabado en relieve en una pieza de cristal, que aún luce y lucirá siempre en la cómoda de nuestro dormitorio.   Parece que afortunadamente todo se ha superado. Luciano vuelve a ser feliz. Tere es la misma de siempre. Las niñas, ya mayorcitas, han preferido quedarse en casa y recibimos de ellas una postal navideña encantadora, dedicada a sus queridos Pepe y Clim, que así bautizó Patri, la pequeña de sus hijas desde sus pocos años, a mi hermano Clemente.


            Poco tiempo después perdemos el contacto con ellos, en la Delegación de Cultura, donde trabaja Luciano, no nos dan noticias acerca de su ausencia; su teléfono no es descolgado ante nuestras reiteradas llamadas y nos tememos lo peor. La cruda enfermedad pudo con ella y Tere, nuestra querida Tere, se nos fue. Lo que la muerte no nos pudo quitar fue su recuerdo, el de una mujer ejemplar, dedicada plenamente a los suyos, encantadora con sus amigos de verdad, de una fortaleza fuera de lo habitual. En el siguiente viaje que hacemos a Melilla acompañamos, porque así se lo pedimos a Luciano, al cementerio de la Purísima Concepción, para rezar una sencilla oración ante el lugar donde reposan sus restos y depositar unas flores. No nos cuesta hablar de ella; es más, hasta nos resulta agradable recordar aquellos momentos que compartimos, porque la teníamos muy presente.


         La  vida sigue y Luciano se refugia en sus hijas, en donde encuentra su mayor apoyo, en su trabajo serio y lleno de complejidades en pro de la cultura, siendo uno de los mayores valedores en la defensa y recuperación de nuestra ciudad vieja y en la conservación de los numerosos edificios que son señas de identidad de la Melilla modernista, peleando contra el efecto demoledor del actual urbanismo económico, donde casi todo vale; sin olvidar, una de sus mayores habilidades, la de la escritura, colaborando con sus escritos en los diarios de la localidad y hasta me atrevería a decir que, por su modestia y timidez, almacenándolos en su particular archivo, esperando pacientemente a que algún loco le proponga algún día su publicación, que estoy convencido que serán puro deleite para sus lectores.

        Luciano y Tere, sé lo difícil que es entrar de verdad en el capítulo de los amigos, por ello y sin cortedad terminó este apartado, gritando a los cuatro vientos y mirando hacia el infinito cielo, donde sin duda estarás, Tere, con tantos otros seres queridos que se nos fueron, que siempre estuvisteis ambos en la corta nómina de los nuestros, esperando y deseando que este sentimiento fuera mutuo.


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