jueves, 2 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO NOVENA

29.-   Un cacharrito de ferias:   LAS SILLAS VOLADORAS O LA RUEDA DE LAS "PATÁS"

        Después venía el capítulo de las novedades  y  te sorprendían cuando te encontrabas, por ejemplo, con unos enormes zapatones en donde se introducían sus usuarios y que cuando se ponían en marcha y tras un aumento progresivo de su balanceo se colocaban bocabajo durante unos segundos que a aquellos debían parecerle una eternidad y que congregaba a un número importante de mirones en su torno y a una chiquillería que no cesaba de gritar y reír nerviosamente. Me parece que se llamaba el Looping Star. O aquella en que se mezclaban el movimiento ondulante, como el de la ola, con el circular de una especie de tazones en donde iban los jóvenes que eran amantes de vivir esta suerte de experiencias y que al bajar las escaleras se veían obligados a sujetarse a las barandas de puro mareo.

                                             

            Y junto a todas las anteriores algunas en riesgo de extinción, que raramente se ven ya en las ferias, como aquel interesante apartado de las marionetas, algunas de las cuales eran reclamos en el exterior para pasar posteriormente a ver el espectáculo; sobre todo, las de hilos, que nos encandilaban por la perfección de sus movimientos y su gracia. Las casetas pequeñas de los adivinadores, los espejos que desdibujaban y caricaturizaban nuestras figuras, pasando de la flacura a la obesidad en un corto paso, a ser un retaco para encontrarte delante de otro convertido en gigante o cabezón y que nos hacían reír hasta llorar.
     

           Pero de todos estos cacharritos de feria he dejado para el final el de las sillitas voladoras, a las que también llamábamos como las “patás”, por el respeto que siempre me imponía. Existían unas pequeñitas para que le cogiéramos gusto a dicha atracción desde los pocos años y sin ningún riesgo. Eran unos asientos, como columpios, que giraban como cualquier tiovivo dando vueltas y más vueltas sin que pudieras hacer otra cosa que no fuera la de marearte. Luego estaba la de los mayores, que sí que era otra historia. En primer lugar su tamaño era mayor y obligaba a que no hubiera en sus inmediaciones, en un radio determinado que permitiera los giros de los asientos, otras atracciones. Sus asientos estaban sujetos con cuatro cadenas a la parte superior, especie de círculo cubierto como cualquier otra, que era el que giraba sobre un eje central. Cuando se aceleraba el movimiento de giro las voladoras, de ahí su nombre, iban todas ascendiendo por igual, inclinándose el cuerpo de sus usuarios, ya que perdían inmediatamente la verticalidad, alejándose del suelo en razón de la mencionada velocidad. No había riesgo en ello y hasta parecía divertido por los gritos que daban los que iban sentados en aquellos columpios. Era incluso agradable ver su funcionamiento, el contemplar como se iban abriendo e iniciaban un auténtico vuelo.


            Lo arriesgado llegaba cuando las normas no se respetaban y en tanto que algunos, queriendo seguir las del más difícil de los circos, inconscientemente se querían enfrentar a la gravedad y a las leyes físicas ya inventadas desde hacía muchísimo tiempo. Bien que había carteles prohibiendo lo que no se debía hacer; pero el hombre era demasiado frágil en su memoria o no sabía leer correctamente aquellos anuncios. Lo cierto es que algunos individuos para hacer alardes seguramente de su virilidad, de ser fiel y genuino ejemplar del macho ibérico en este caso o porque eran más brutos que un arado y que me perdonen estos útiles de labranza por la comparación, tenían  la mala costumbre de coger la silla del que le precedía, la acercaban a la propia con sus piernas flexionadas, como si estuvieran en cuclillas y con un movimiento brusco y violento extendían las piernas con lo que aquella salía disparada hacia las alturas, con el consiguiente susto, que nada podía hacer por evitarlo, del que tenía sus posaderas en ella y que se veía obligado a agarrarse con todas fuerzas en aquellas cadenas que parecían enloquecer en sus desordenados giros. Esto aún se agravaba más cuando antes de la patada, el que cogía al anterior se atrevía a darle encima varios giros sobre su eje, con lo que el caos era mucho mayor o cuando estas patadas se hacían en cadena, tomando parte en la brutalidad tres o cuatro energúmenos.

VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


    Entrega  Nº 237

    PORREZ Y CIA   ( I )

    PEDRO ALFÉREZ GONZÁLEZ


Pedro  Alférez González, el autor de esta serie nace en Inca (Baleares) en el año 1925 y falleció en Barcelona el 26 de Noviembre de 1987. Fue además de dibujante,, guionista, Portadista, Prologuista, Historietista, Humorista Gráfico, Articulista, Ilustrador, Pintor y Divulgador.


          Aunque nace en las Islas Baleares siendo niño se traslada con sus padres a Barcelona en los años 30.

         Sus primeras publicaciones de cómics aparecen cuando cuenta con una quincena de años, allá por los años 40; entre ellas la serie de El Halcón de Acero. Y luego la de Conejín (1945) , El Rey de la Jungla (1948) y Mascarita (1949). Posteriormente se hace cargo de los Cuadernillos de El Inspector Dan. Y trabajó con la Editorial Bruguera con la colección de “Historias”, como la de Guillermo Tell o la de Los viajes de Gulliver, entre otras muchas.

         En 1946 fundó con su hermano Fernando la editorial “Éxito”, que paradójicamente tuvo una andadura muy breve.

         Pedro Alférez igualmente realizó trabajos publicitarios y se inició como pintor, formando parte del grupo de acuarelistas El Micalet.

         Su inacabable inquietud por conocer otros mundos del cómic le llevará a Francia, donde estuvo unos diez años, realizando entre otros trabajos, la serie de “Brik, le Corsaire du Roi”, creada por Jean Cézard y dibujada anteriormente por Jacque Arbeau.

         Y en 1968 fue dibujante de la serie alemana “fix und Foxi”-

         En la década de los 70 fue miembro fundador del Club DHIN, incipiente asociación de historietistas e ilustradores que buscaban reivindicar y dignificar  su profesión.

         Este autor firmaba sus trabajos con PEDRO ALFÉREZ. P.Casio, P. Alférez y Peter.

miércoles, 1 de abril de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS, PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO NOVENA

29.-  Un cacharrito de feria:   LAS SILLAS VOLADORAS O LAS RUEDAS DE LAS "PATÁS"


        Como todo en la vida, mucho cambiaron los llamados por nosotros cacharritos de feria. Nada tienen que ver los sofisticados actuales, que vienen a demostrar el avance técnico con relación a su construcción, con aquellos tan primitivos de nuestros tiempos.

         El clásico tiovivo o los caballitos en su monótono girar, que lo que más permitía como aliciente añadido era ese sube y baja de algunos de los animales que lo componían, que sólo había corceles, no es nada comparable con esos aparatos de hoy, de descenso vertiginoso desde alturas considerables, que es un espectáculo verlo en su caída y que debe poner a sus usuarios el estómago en la boca cuando frenan sus asientos cerca del suelo.

                                

        Algunas de aquellas atracciones han dejado de existir, pasando a convertirse en piezas de museo para nuestro recuerdo. Otras fueron evolucionando y sobreviven con mejores materiales y por supuesto, ofreciendo más seguridad; no faltando las novedades de cada temporada, que igualmente las había en nuestros tiempos. Encontrándonos también con un número determinado de ellas que son consideradas, como les ocurre a ciertos ejemplares de la flora y fauna de nuestro planeta, en peligro de extinción.

       Una que nos gustaba mucho a los pequeños de aquellos años era el Látigo, que como su nombre indicaba después de que cada uno de sus habitáculos circulares, donde nos metíamos tres o cuatro chicos fuertemente sujetos a unas barras de acero, tuvieran una marcha normal al llegar a las curvas te pegaban un acelerón, como un latigazo, que te daba la impresión de que ibas a salir despedido; no dándote tiempo más que a reír los niños y gritar las niñas, pues de nuevo te encontrabas con la otra curva y su correspondiente aceleración y así hasta que la sirena daba la señal de su conclusión y salías con las manos sudorosas de asirte con fuerza a la mencionada barra o a los hombros de los compañeros de viaje.


            Aunque uno ya no tiene edad de disfrutar con estos aparatos y atracciones, lo puedo incluir dentro del capítulo primero, porque ya no se ven por las fiestas y ferias de los pueblos y ciudades, al igual que el que se movía como una ola y que por ello recibía dicho nombre  o aquella otra que nos mostraba como museo del mal gusto, pero que nos encantaba, a personas y animales extraños.

    Otras han sobrevivido sin apuros, mejorando considerablemente unas y manteniéndose algunas en sus condiciones iniciales. Entre las primeras se encuentra esa nómina bastante amplia integrada por las norias, las de los pequeños movidas antiguamente a mano y al son de bombos y platillos y las gigantes, algunas de las cuales te causan verdadera impresión, permitiéndote ver el suelo y todo lo que por él se mueve desde otra perspectiva, a vista de pájaro, e incluso a los humanos como hormiguitas. Los coches locos o de choque, que ya existen también en versión, espacio y con vehículos más reducidos, para la gente más menuda. Los mismos caballitos con su característico sube y baja y sus barras metálicas en forma de espiral. Aquellos diminutos vehículos de todo tipo de transportes: coches de todos los modelos, embarcaciones variadas, aviones, locomotoras, etc., en su continuo girar y girar y repletos de pequeñajos que no se cansan y que saludan sonrientes a sus padres cada vez que pasan por delante de ellos. El tren de los escobazos con su muerte canina en su interior, su caminar cansino y su repetido toque de campana al pasar por la estación, que es la cabina donde se obtienen los tiques para tan fantástico, monótono y pavoroso viaje; sólo para algunas, ya que la mayoría tiene como único objetivo, cosa que persiguen con verdadero ahínco, el quitarle la escoba al fantasma o monstruo que la usa en el interior del simulado túnel del terror. Encontrándonos con otras que no cambiaron aparentemente nada, como las barracas de tiro, con las mismas escopetas de aire comprimido para plomillos o tapones de corcho, con iguales fallas en sus puntos de mira, de ahí que siga diciéndose cuando alguien hace algo mal y repetidas veces que falla más que una escopeta de feria, con idénticos palillos de dientes o trozos de serpentinas de colores sujetadas en sentido vertical para romper y las botellitas de licores diferentes como trofeos; así como las tómbolas, con idénticas estructuras y ruidosas como ellas solas; la pesca de patitos con cañas en la improvisada y diminuta piscina o aquella otra atracción que consiste en golpear con una maza de madera el tope que hace subir una pieza que golpeaba una campana para saber el grado de tu fortaleza y que como dice el refrán, en muchas ocasiones, valía más la maña que la fuerza.



VENTANA ABIERTA A LOS AMIGOS DE LOS TEBEOS


       Una escapada cortita a Costa Ballena nos impidió entrar en el blog, A la vuelta el primero de abril al pueblo, nos permitió, aunque a horas avanzadas el reanudar la tarea 

    Entrega   Nº  236

    TETE COHETE   ( II )

    FRANCISCO IBÁÑEZ TALAVERA Biografía entrega nº 34


                  

Tete Cohete es un niño muy aficionado a la mecánica, a los coches y a los motores. Esto lo lleva a convertir cualquier objeto cotidiano n un vehículo a reacción, resultandos en sus series que las victimas suelen ser el director y el secretario de la escuela  a la que asiste. Y el problema es que con esta pasión que tiene el muchachote pone en riesgo a los que le rodean. Tiene la pinta de ser un niño algo gamberro, con su pelo largo y despeinado, su rostro lleno de pecas y dos dientes prominentes y su vestimenta habitual es la llevar pantalones vaqueros, chaqueta roja y zapatillas de deportes.

         Según el dibujante JAN, este personaje  y su serie aparece cuando le proponen a RAF, IBÁÑEZ  y a él mismo que crearan uno para la inminente aparición de la revista Pulgarcito. Ganó el mencionado Jan; pero el creado por Ibáñez, Tete Cohete, también apareció en el número 1º de dicha revista, dibujando solamente al personaje en sus siete primeros números. EL excesivo trabajo de este autor hizo que la Editorial Bruguera decidiera que un equipo de dibujantes de la misma de esta tarea, sobre todos, Ramón María Casanyes y Lurdes Martín Gimeno.

         Otros personajes de la serie serían: su padre, que se llama Fulgencio Ruipérez, su pobres abuelos, frecuentes victimas de sus inventos; don Severo, jefe de Fulgencio y Venancia, chica de la limpieza de la familia. Y con el paso del tiempo otros personajes recurrentes, como su amiga Loli Bujías creada por Ramón Mª Casanyes; así como varios cameos con Mortadelo y Filemón.