Después venía el capítulo de las novedades y te sorprendían cuando te encontrabas, por ejemplo,
con unos enormes zapatones en donde se introducían sus usuarios y que cuando se
ponían en marcha y tras un aumento progresivo de su balanceo se colocaban
bocabajo durante unos segundos que a aquellos debían parecerle una eternidad y
que congregaba a un número importante de mirones en su torno y a una
chiquillería que no cesaba de gritar y reír nerviosamente. Me parece que se
llamaba el Looping Star. O aquella en que se mezclaban el movimiento ondulante,
como el de la ola, con el circular de una especie de tazones en donde iban los
jóvenes que eran amantes de vivir esta suerte de experiencias y que al bajar
las escaleras se veían obligados a sujetarse a las barandas de puro mareo.
Lo arriesgado llegaba cuando las normas no se respetaban y en tanto que algunos, queriendo seguir las del más difícil de los circos, inconscientemente se querían enfrentar a la gravedad y a las leyes físicas ya inventadas desde hacía muchísimo tiempo. Bien que había carteles prohibiendo lo que no se debía hacer; pero el hombre era demasiado frágil en su memoria o no sabía leer correctamente aquellos anuncios. Lo cierto es que algunos individuos para hacer alardes seguramente de su virilidad, de ser fiel y genuino ejemplar del macho ibérico en este caso o porque eran más brutos que un arado y que me perdonen estos útiles de labranza por la comparación, tenían la mala costumbre de coger la silla del que le precedía, la acercaban a la propia con sus piernas flexionadas, como si estuvieran en cuclillas y con un movimiento brusco y violento extendían las piernas con lo que aquella salía disparada hacia las alturas, con el consiguiente susto, que nada podía hacer por evitarlo, del que tenía sus posaderas en ella y que se veía obligado a agarrarse con todas fuerzas en aquellas cadenas que parecían enloquecer en sus desordenados giros. Esto aún se agravaba más cuando antes de la patada, el que cogía al anterior se atrevía a darle encima varios giros sobre su eje, con lo que el caos era mucho mayor o cuando estas patadas se hacían en cadena, tomando parte en la brutalidad tres o cuatro energúmenos.