sábado, 7 de marzo de 2026


BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES,COSAS Y PERSONAJES

RAZÓN VIGÉSIMO TERCERA

23.- Un comercio:   LIBRERÍA Y PAPELERÍA "CASA BOIX


                                                 ( Dibujo de Francisco Alcaraz Betoret )

         Vivir en Melilla y no conocer Casa Boix en nuestros años y juventud, parecería cuestión imposible; aunque esta afirmación no faltará quien la pueda considerar como algo pretenciosa o carente de realidad o hasta de sentido común. Cuando señalo esto lo hago como una expresión común más, como una forma de hablar similar a esa otra, por ejemplo, en la que varias personas te indican algo en lo que coinciden contigo y tú para avalarlo indicas con la mayor tranquilidad del mundo, que lo dice toda la gente, sin pasar de la media docena de personas.

         Me refiero principalmente a todos los que vivíamos en sus inmediaciones, ya que su ubicación en la parte central de nuestra Avenida, era lugar obligado para comprar algunos artículos; además de sitio de paso para otros rincones tan señalados como nuestra parroquia, la del Sagrado Corazón de Jesús, o por encontrarse cuando ya fuimos cumpliendo los años, en el paseo o "tontódromo" más importante y concurrido de la ciudad.


            Hace muchos años que no visito dicho establecimiento y quizás el recuerdo que guardo del mismo no coincida en casi nada con la realidad actual del mismo. Tengo la sensación de encontrarme con un espacio alargado, con un mostrador de atención al cliente en su parte derecha y pasado éste una especie de almacén donde se guardaba todo el material de papelería. Contaba también en su parte derecha y nada más entrar con un pequeño escaparate, poco llamativo, donde podían presentarse y esa es mi impresión, las posibles novedades, pero seguro que no estaban expuestas por un experto escaparatista.

 No llegué a saber si el personal que nos atendía era alguno de la familia de los Boix, posiblemente oriundos de Cataluña por el apellido o del levante valenciano, pero pienso que bien pudieran ser los que se ocupaban de la caja y es que en los comercios de aquella época los dueños de los mismos se mezclaban en el trabajo con los empleados y a veces resultaba difícil distinguir a unos de los otros. Con el paso de los años serían sus hijos los que se ocuparían del negocio.

         El porqué de elegir esta tienda como algo especial para nosotros tiene una fácil explicación. En primer lugar, porque nada más cumplir los diez añitos y entrar en el bachillerato, después del oportuno y temido examen de ingreso en el mismo, era el lugar casi exclusivo donde comprar nuestros primeros libros de textos, ya que las Enciclopedias quedaban aparcadas para los alumnos de Primaria. ¡Vaya si era importante la cuestión! Ya nos exigían un libro para cada materia, entre cuyos materiales también había que incluir el cuaderno para el dibujo con su colección de láminas para reproducirlas, el diccionario y el atlas con su correspondiente carpeta de mapas mudos, que también se podían adquirir sueltos, para los ejercicios de clase.


            Nosotros como éramos dos, salvo el material que se entendía como fungible, lógicamente en lo referente a los libros de textos, con la comprensible anuencia del profesorado, sólo comprábamos un ejemplar y nos apañábamos como podíamos. Tampoco engrosábamos el capítulo de los alumnos extraordinarios para pelearnos por ellos; aunque había momentos en que más por fastidiarnos que por interés pedagógico, queríamos cualquiera de ellos al mismo tiempo; llegando incluso a ponernos juntos a leerlos, cosa harto complicada en razón de la distinta velocidad  lectora y comprensión, por lo que alguno terminaba por retirarse y dedicarse a otras historias, para cogerlo cuando lo abandonara el otro; si no terminaba la situación en un pequeño conflicto sin que llegará la sangre al río. 
Sólo en épocas de vísperas de exámenes, porque como casi la totalidad de los estudiantes lo dejábamos todo para el final, el problema se acuciaba de verdad; eso sí, como señalaba antes, sin que llegara la sangre al río; aunque no faltaban algunos empeñotes, alguna que otra palabra o frase hiriente, que mi madre zanjaba inmediatamente con sólo indicarnos que nos iba a mostrar las zapatillas y que curiosamente nunca nos la enseñó en su larga vida.

        Llegado el comienzo del curso escolar comenzaba el peregrinaje a Casa Boix, porque la mayoría de los libros no llegaban al mismo tiempo y porque la economía familiar no era tan boyante como para adquirirlos todos de una vez. Ya se sabe cual era la postura de los alumnos de esas edades con relación a esta cuestión, la exigencia de tenerlos todos cuanto antes y nosotros no íbamos a ser una excepción. Claro que para eso también estaban los adultos, nuestros mayores, que llegaban hasta cuanto podían y un poquito más, a lo mejor, hasta quitándolo de otros menesteres, y la verdad es que nosotros fuimos bastante comprensivos y fáciles de conformar con razonamientos. Eso sí, como en Casa Boix no traían todos los libros para todos los alumnos de una vez, que sus pedidos debían de ser en número aproximado de estos y más bien a la baja por no andar luego envueltos en problemas de devoluciones, a veces y cuando algunos de aquellos libros no llegábamos a adquirirlos entre los primeros días, nos veíamos obligados a realizar varios viajes para conseguirlos; encontrándonos siempre, que para eso eran tan excelentes vendedores, con sus palabras de que seguro y sin falta que llegarían en el Correo del día siguiente.


(En el mismo número de la Avenida, el 23, actualmente se encuentra otra Papelería sin saber si pertenecen a los herederos de de Casa Boix) 

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