jueves, 26 de marzo de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN VIGÉSIMO SÉPTIMA

27.-   Una noche:  LA VÍSPERA DE SAN JUAN    ( VI )

        Y para concluir, que casi se me olvida, señalar lo que le ocurrió  un año a nuestro buen amigo Pedrito, cuando bastante pequeños aún, formábamos parte de esta colosal aventura. Todos presumíamos llegado el día de aportar algo a nuestra hoguera procedente de nuestra propia casa: algún objeto de madera ya inútil que guardábamos para tan señalada ocasión, dando la carga, por otra parte, a aquellos de la reunión que no se mojaban. Pedrito era tímido y callado como el que más; pero de un amor propio a prueba de bomba. Cualquier día se iba él a quedar el último en aquellas improvisadas y repentinas carreras, por ejemplo. A lo largo de todo el día vio como unos y otros llevábamos muebles o restos de éstos, ya viejos, a la hoguera y el pequeño Pedro aguantando la carga en silencio y cada vez con peor cara; hasta que no pudo aguantar más y sin decir ni mus salió corriendo para su casa. La actividad continuaba porque entre niños estas ausencias temporales y por múltiples motivos eran normales y además, quién se iba a preocupar por el hecho de que uno de los más pequeños desapareciera.

                                            

        Pero eso sí, lo que verdaderamente llamó nuestra atención y de qué manera, fue su repentina aparición al rato,  ya que era de los que vivía cerca. Llevaba una impecable silla de comedor ricamente tapizada a cuestas y su madre caminaba detrás a buen paso, gritándole: ¡Por Dios, Pedrito, adónde vas con esa silla! ¡Esa no, Pedrito de mi vida! ¡Esa no!

     La madre lo detuvo a tiempo y alguno de los mayores de la reunión tuvo que convencerlo de que no debía de preocuparse, que allí no se admitían por norma muebles nuevos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario