sábado, 31 de enero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELLILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DÉCIMO TERCERA

13.-   Un Arquitecto:  ENRIQUE NIETO Y NIETO   ( II )

      Este genio de la arquitectura tuvo que ejercer una notable influencia en nuestro personaje, Enrique Nieto, del que me voy a ocupar en este apartado; de tal manera que cuentan algunos biógrafos suyos que terminados sus estudios en la Escuela de Arquitectura de Barcelona colaboró con Gaudí durante tres años. Es más, hay hasta quien señala que por tener discrepancias de criterios, a pesar de sus pocos años, y por su fuerte carácter, con el genial arquitecto, decide abandonarlo y venirse a Melilla.

       Tendría yo unos 15 años cuando fallece en nuestra ciudad este arquitecto que tanto influyó en el urbanismo local. En 1954 es enterrado en Melilla y la verdad es que su óbito pasa casi desapercibido, dedicándole nuestro periódico de entonces, El Telegrama del Rif, escasas palabras; lo que viene a demostrar el carácter extraño y misterioso de esta persona por una parte y la escasa justicia que le hicieron, desde el punto de vista profesional, sus contemporáneos melillenses. Afortunadamente, hoy si se está reconociendo su labor, independientemente de su forma de ser, que también contó con el handicap de no relacionarse bien con el poder establecido de la ciudad e incluso con los enfrentamientos que tuvo con los poderes públicos y con las personas que los ostentaban.

      Nació Enrique Nieto y Nieto en 1883 y su padre era maestro de obras. Con sólo 14 años, en 1897, ingresa en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, terminando sus estudios de arquitectura en 1906; aunque por no tener la edad reglamentaria no se le dio el título hasta 1909, colaborando con Gaudí en estos tres años. Ese mismo año se traslada a nuestra ciudad; aunque no se sabe con exactitud cuáles son los motivos del mismo. Existe quien piensa que estando ya casado con su primera mujer, desde dos años antes ya viven en Melilla el padre y un hermano de ésta, que le animan a su venida a nuestra ciudad; sobre todo, pensando que 1909 es un año en que la población de nuestra Melilla pasa de 8000 a 20000 habitantes, lo que origina una enorme demanda de alojamiento y que la construcción alcanza un ritmo frenético. Por todo ello, se puede decir que su llegada es en el momento oportuno y parece lógico que de sus familiares recibiría, como arquitecto nuevo, las indicaciones y ánimos convenientes para que desembarcara en nuestra ciudad.


            Uno de los primeros trabajos que llevará a cabo en Melilla es el del edificio de la Reconquista, a los que siguieron con el transcurrir de los años, otros, como el de la Cámara de Comercio, el Hotel Victoria, la Casa Tortosa, la Sinagoga, el Teatro Kursaal hoy Cine Nacional, la Mezquita...
                                                        
                                                            (Casa Tortosa)


            No todos los edificios que se le pueden atribuir fueron suyos y ello tiene una clara explicación en una época en que con evidente alusión a sus obras, que no lo eran todas, se hablaba de “obsesión por la escayola, por las molduras y arabescos, tan típicamente modernistas, como por la huida del ángulo recto, que desembocaban en un preciosismo y artificiosidad de gran refinamiento, según ideas llegadas de Cataluña”. De una parte, encontramos su conocimiento profundo de las distintas facetas de la construcción por haberlas aprendido al lado de su padre, que le lleva a crear una auténtica escuela de artesanos en nuestra ciudad, que a su vez permite una prolífica producción. De otra, se da el lógico hecho, porque este tipo de obras es demandado, de que son muchos los albañiles y maestros de obras que toman sus ideas y llenan las fachadas de molduras y elementos ornamentales que van apareciendo en los edificios más diversos. Es más, son bastantes los contratistas, maestros de obras y simple albañiles que levantan no pocos edificios en todos los barrios de la ciudad, imitándole y usando hasta los moldes de sus piezas de escultura arquitectónica. Ello hace que Melilla en su conjunto adquiriera una fuerte personalidad y que se convirtiera en un ejemplo urbanístico del modernismo español. Así pudo darse el caso, dado el importante crecimiento de la ciudad, de teniendo un plan de ordenación urbana, el poder construirse sin cesar, año tras año, edificios de los más variados estilos y se puede hacer ésta levantándose casa a casa, rompiéndose con la rutina y con la monotonía; lo que lleva a crear un habitat donde es una delicia vivir y pasear con la vista puesta en tanta belleza arquitectónica, con tanta ornamentación, incluso en casas de dos o tres plantas y en cualquier rincón de la ciudad.


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