martes, 27 de enero de 2026

BIOGRAFÍA NOSTÁLGICA DE LA CIUDAD DONDE NACIMOS, MELILLA, LUGARES, COSAS Y PERSONAJES


RAZÓN DOCE

12.- Dos Santos: SAN CLEMENTE Y SAN JOSÉ

        Para mí han sido desde que tengo uso de razón los dos santos más celebrados en mi hogar. Mi hermano mellizo, aquel con el que estuve casi toda la vida junto y en especial, nueve meses más habitando en el mismo habitáculo, en el seno de mi madre, casi  llevando vidas paralelas, se llama Clemente. Su mellizo, en este caso,  yo, me llamó José.

       ¡Qué diferencia de Santos¡ ¿Verdad? Uno, el más conocido del mundo; tanto que a veces para algunos resulta hasta vulgar, poco original. De lo que no tiene culpa alguna, por supuesto, el fiel compañero de la Virgen María, el elevado a la categoría de padre terrenal del mismísimo Dios hecho hombre, Jesús. El que dignificó con su profesión a todos los trabajadores y artesanos de la madera, especialmente a los carpinteros y que es figura imprescindible en todos los belenes de la tierra en el mundo cristiano. El actor secundario, si lo comparamos con María y Jesús, más importante de aquel acontecimiento que modificó y marcó de manera extraordinaria la historia de la humanidad. El otro, un desconocido, que quizás en el santoral corresponda al Papa romano, Clemente I, que vivió en el siglo I, judío de nacimiento y convertido posteriormente a la fe cristiana, según parece, por los mismísimos Pedro y Pablo, cuando todavía no eran santos del mismo santoral, pero que tenían todas las papeletas e influencias, ya que estaban entre los primeros escogidos, para serlos y que acompañó al último, otro de los sorprendentemente convertidos y de forma extraordinaria, en sus viajes. Él es autor de una Carta a los Corintios que aporta datos interesantes sobre la estancia de su jefe, el mismo Pedro, en la ciudad de Roma. Y pare usted de contar, que uno es un verdadero profano en la materia, a no ser que me atreva a señalar que se celebra su recuerdo y la onomástica de todos los que llevan su nombre el 23 de noviembre, al igual que el 19 de marzo es el día de todos los José.


            ¿Que por qué para mí fue el José? Pues la verdad, no lo sé, ya que también pudo ser el de Clemente, que hasta éramos tan iguales que al poco de nacer nos pusieron unas esclavas con el nombre de cada uno para identificarnos. Pero quién no quita que en cualquier baño, despojados de ellas, que se produjera un posible despiste y una vez sequitos y empolvados con talco, la incorporación de los distintivos fuera errónea. Así, yo que ahora soy José, pude ser Clemente antes o viceversa. Claro que si los errores pudieron repetirse, se pudo dar el caso que habría temporadas que fuera uno y otras el hermano mellizo. Un verdadero galimatías que en alguna ocasión nos planteamos de broma, pero que nunca llegó a aquel otro filosófico y profundo shakesperiano del ser o no ser.

        Lo de José vino por mi madre, que se llamaba Josefa; aunque todo el mundo la conocía como Pepita la modista, suponiendo que la gente le ponía este apelativo añadido por su profesión y para distinguirla de otras Pepitas, que habría una infinidad. Como el nombre de mi padre ya había sido asignado a otro de mis hermanos mayores, para mi mellizo acudieron al capítulo de los tíos y se decidieron por el nombre de uno de ellos, que debió ser importante para nuestros progenitores y le encasquetaron el Clemente para toda su vida.

        Cosa lógica, nunca me resultó raro ni chocante este nombre y sería banal decirlo, pero lo digo, que incluso me resultaba la mar de familiar. Heredando yo por parte de madre y sin diminutivo su sinónimo, el de Pepe desde que era un bebé y es que también resultaba más fácil de pronunciar que el de José; quedando éste sólo para las formalidades propias de la vida, entre las que no faltó la del tratamiento por parte de los alumnos y con el don delante.

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