LA JAULA DE LOS EXTRAÑOS ZAPATOS ( XIX )
Con
sonrisa socarrona
cuando todos han firmado,
hacia el lugar de la jaula
dirige otra vez sus pasos,
abriendo con parsimonia
de la puerta, su candado,
produciéndose fenómeno
que a todos tiene pasmados,
un frescor de libertad
en la jaula ha penetrado
y aquellos, sus moradores,
también lo vienen notando,
su quietud pronto se rompe
e inician tímidos pasos,
que con el pasar del tiempo
se tornan acelerados,
acompañados de ruidos
que el ritmo le van marcando,
hasta que el zapato rojo,
el de los tacones altos
con enorme excitación
al otro va zarandeando,
haciéndole brotar gritos
como si fueran de humanos,
que enrarecen el ambiente
y miedos están forjando.
Mientras este trata de huir,
el otro va picoteando
con su tacón puntiagudo,
para en corazón clavarlo.
Después de combate incruento,
que tiene algo de macabro,
su dueño con lentitud
se ha quitado su calzado,
haciendo sonar su flauta,
esa de fino alabastro,
hácense mucho más dulces,
más armoniosos sus pasos,
saliendo de su recinto
como pájaros volando,
dejando bien boquiabiertos
al variopinto senado,
hasta posarse en sus pies
que los esperan descalzos.
Los sones de flauta mágica
su cuerpo va transformando,
ante la mirada atónita
de los allí congregados,
que no daban ningún crédito
a lo que estaban mirando,
pues aquel hombre distinto
que ellos tienen por buen mago,
ante su incredulidad
se ha convertido en gran gato,
con ojos más que saltones
y pelaje todo blanco,
que con el pasar del tiempo
su cuerpo se va agrandando,
obligando a que salieran
de aquel calabozo insano
a todos los allí reunidos
para no ser aplastados,
que huyendo despavoridos,
sus hogares van buscando,
olvidando los ratones
que andan por todos los lados.
cuando todos han firmado,
hacia el lugar de la jaula
dirige otra vez sus pasos,
abriendo con parsimonia
de la puerta, su candado,
produciéndose fenómeno
que a todos tiene pasmados,
un frescor de libertad
en la jaula ha penetrado
y aquellos, sus moradores,
también lo vienen notando,
su quietud pronto se rompe
e inician tímidos pasos,
que con el pasar del tiempo
se tornan acelerados,
acompañados de ruidos
que el ritmo le van marcando,
hasta que el zapato rojo,
el de los tacones altos
con enorme excitación
al otro va zarandeando,
haciéndole brotar gritos
como si fueran de humanos,
que enrarecen el ambiente
y miedos están forjando.
Mientras este trata de huir,
el otro va picoteando
con su tacón puntiagudo,
para en corazón clavarlo.
Después de combate incruento,
que tiene algo de macabro,
su dueño con lentitud
se ha quitado su calzado,
haciendo sonar su flauta,
esa de fino alabastro,
hácense mucho más dulces,
más armoniosos sus pasos,
saliendo de su recinto
como pájaros volando,
dejando bien boquiabiertos
al variopinto senado,
hasta posarse en sus pies
que los esperan descalzos.
Los sones de flauta mágica
su cuerpo va transformando,
ante la mirada atónita
de los allí congregados,
que no daban ningún crédito
a lo que estaban mirando,
pues aquel hombre distinto
que ellos tienen por buen mago,
ante su incredulidad
se ha convertido en gran gato,
con ojos más que saltones
y pelaje todo blanco,
que con el pasar del tiempo
su cuerpo se va agrandando,
obligando a que salieran
de aquel calabozo insano
a todos los allí reunidos
para no ser aplastados,
que huyendo despavoridos,
sus hogares van buscando,
olvidando los ratones
que andan por todos los lados.
llenan
el pueblo de espanto,
a la plaga de ratones
únese nuevo quebranto,
esos lúgubres lamentos
que obra parecen de diablo.
a la plaga de ratones
únese nuevo quebranto,
esos lúgubres lamentos
que obra parecen de diablo.
El Viso del Alcor, 11 de Mayo de 2025
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